Habría que preguntarse qué ha pasado con nuestros artistas, más aún con nuestros pintores, que no han recogido con la asiduidad de Cabré, por ejemplo, la sinuosa hermosura del Ávila guatireño visto desde cualquiera de sus ángulos. Nadie que tenga un mínimo de sensibilidad y que esté dispuesto a alimentar su espíritu, debería perderse una tarde desde la sede del Cemag, entre Valle Arriba y La Rosa, los matices de una puesta de sol que por lo general nos brinda las más ricas tonalidades de azul, verde y ocre, profundos y apelmazados, como hubieran querido captar los más alucinados impresionistas del siglo XIX.
Pero no sólo El Ávila, al norte, enriquece la mirada del viandante; también la inquieta hilera enhebrada de Mariche, al sur, nos permite captar casi siempre una bella saturación de colores y formas que guardan misterios e historias milenarias, dignas de reivindicar.
Los estudios estratigráficos sugieren que la cuenca Guarenas-Guatire fue un lago del período plio-pleistoceno (plena etapa de las glaciaciones, es decir, desde hace 1,64 millones de años) enclavado en la Cordillera de la Costa. Las diferencias de pendiente originaron un lago asimétrico, con una costa abrupta al norte y una costa baja, de poca profundidad, en el lado sur, con desarrollo de pantanos y charcas. Hoy, Guarenas, Guatire y Araira no son más que una cadena de medianos valles ricos en arcilla, que además cuenta con importantes signos de la biodiversidad del trópico, lo que se traduce en una flora y fauna exóticas.
Nuestra mayor potencialidad turística, indudablemente, está en los espacios naturales, y buena muestra de ello lo constituyen parques, ríos y cascadas (El Norte, La Churca, El Ingenio); rutas históricas (camino de los españoles que desemboca en La Sabana del Litoral Central); rutas agrícolas (Salmerón, Araira, Cupo, Zamurito) y algunas propuestas que lamentablemente siguen sufriendo el olvido de los sectores políticos y económicos: el Parque Zoológico y Botánico de El Ingenio; el Parque Tecnológico y Ecológico de Valle Arriba, y la Aldea Artesanal, entre otros, que de recibir la aprobación oficial, aportes económicos y voluntad política, potenciarían a esta región como polo de desarrollo ecológicamente sustentable.
Pero lo que ha sucedido, sin embargo, es todo lo contrario: como diría Aníbal Palacios, hemos "sufrido" gobiernos municipales y regionales de una vasta ignorancia, incapaces de prever la urgencia de mantener nuestros espacios verdes y recursos naturales como garantía de un futuro vivible. Lo que resulta más paradójico es que como siempre ha sido, Guarenas, Guatire y Araira cuentan con gente de la sociedad civil (bien entendida) llena de grandes ideas a desarrollar, dispuestos a promover y ejecutar decenas de iniciativas en pro del desarrollo y la conservación de la naturaleza. Lo que ha sido el signo modernizador de estos valles, no obstante, es el sorprendente incremento poblacional y el éxtasis del acero y el concreto, sin planificación, sin concierto, sin respeto. El éxodo de miles de ciudadanos provenientes de distintas partes del país hacia esta zona cercana a Caracas, sin graves problemas de delincuencia, con un ambiente apacible y oferta de viviendas relativamente más económicas que en la capital, lleva consigo la amenaza de la espada de Damocles: llegará el momento en que sufriremos los mismos males de todas las urbes, es decir, marginalidad, caos de servicios públicos, congestionamiento, crisis sanitaria, hostilidad, etc. De hecho, esos síntomas ya comienzan a ser parte de nuestra cotidianidad.
En medio de tanta incertidumbre, una de las peores evidencias del crimen a largo plazo que se está cometiendo, es la ola de invasiones que está minando a nuestros otrora hermosos parajes naturales, ante la observancia inmutable de vecinos, líderes, gobernantes. Lo que es aún peor, según algunas versiones muy seguras, es que tal asesinato a nuestro entorno se está cometiendo en complicidad con altos jerarcas de la política en aras de las famosas "cuotas electorales". Hagamos algo, es tarea urgente legarle a nuestros hijos más que unas cuantas fotos y unas palabras bonitas sobre lo agradable que fue esto alguna vez. Ya es hora de actuar.Referencias
* Bermúdez, P. J., 1966. Consideraciones sobre los sedimentos del Mioceno medio al Reciente de las costas central y oriental de Venezuela. Primera parte. Bol. Geol., Caracas, 7(14): 333-412.
* González de Juana, C.; J. M. Iturralde de Arozena, y C. X. Picard, 1980. Geología de Venezuela y de sus cuencas petrolíferas. Ediciones Foninves. 2: 715-716.
* Nicklas, M., 1953. Las formaciones terciarias en la cuenca de Guarenas-Guatire. Soc. Cienc. Nat. La Salle., Mem. 13(36): 369-376.