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En Montañas Guatireñas
Descubierta probable Maternidad de tres mil años
José Manuel Milano
 
Artículo.-

        Sí; así es, no se asombre ni piense que es un truco, nuestra afirmación tiene bases muy sólidas que  de alguna manera hacen muy factible esa posibilidad, para ello, por supuesto, debemos unificar algunos términos que en el proceso nos ayudarán a complementar esta tesis. En primer lugar consideremos de manera simple a La Maternidad como el sitio que en común usan las madres para dar a luz a sus hijos, sitio, que debe reunir las condiciones más adecuadas para hacer del parto un proceso menos riesgoso, de igual manera y para consolidar lo primero situémonos en el contexto histórico que al momento garantizaba las condiciones antes mencionadas para el parto.

     Visto esto, y sumándome como el primer sorprendido ante este descubrimiento, que de hecho no me atribuyo pero de cuya interpretación si me considero en sociedad junto a otros dos personajes que en el desarrollo del texto le mencionaremos, procedo a dilucidar el asunto aclarando de antemano que algo de experiencia básica en el tema poseo, ya que me tocó en suerte realizar mi trabajo de grado en el tema de la cultura indígena venezolana y así obtener la especialidad de docente en artes, cuestión que me permite decir; que jamás había visto cosa igual y de ahí la inspiración a este inusual reportaje.

     EMPIEZA LA EXCURSIÓN

     Partimos el día tres de agosto de este año desde las instalaciones del Cemag, con la sencilla intención de hacer un recorrido por las inmediaciones de la Hacienda Zamurito o Santo Cristo, cuyo objetivo era, al principio, ubicar dos de los petroglifos  de la zona, era un básico y recreativo paseo, comandaba la expedición el muy conocido Oscar Muñoz, integrante del Cemag, al frente de unas ocho personas donde destacaba Gustavo Pérez,  reconocido estudioso de los Petroglifos en Venezuela y quien demostrara en el viaje todas las cualidades que le merece tal fama. Subimos en un rústico que nos llevó a la primera casa de hacienda cuyo impresionante paisaje nos dejó embelesados, desde allí pude divisar por completo los valles de Guarenas, Guatire y Pacairigua, nos deleitamos  observando algunos animales y también un vehículo del año 47 que descansa intacto bajo un cobertizo, en fin; desde allí nos trasladamos a la otra casa de hacienda, una vez autorizados traspasamos la línea de un mundo distinto; Húmedo, verde, salpicado a todo dar de amarillos y robustos racimos de bananos.

     EL PRIMER HALLAZGO

     El primer petroglifo lo hayamos, nuevamente, a unos 1200 metros de altura sobre el nivel del mar, en la quebrada Mengua a las faldas del Pico Zamurito, esta enorme piedra de más de tres metros de ancho por similar altura,  y con su principal cara apuntando al Este, como és habitual, tiene unos 65° grados de inclinación, y una forma un tanto romboide. Al principio se notaba como una roca cualquiera pero el ojo experto de Gustavo empezó a demarcar figuras, imitado de manera entusiasta por el resto del grupo, brotaron así una serie de espectaculares y grotescas formas, 15 en total, todas de singular diseño, el trabajo fue minucioso, cepillar, limpiar, secar y resaltar todo con la paciencia que en su tiempo hubo de tener su prehispánico autor, hace ya más de tres mil años.

     LA MATERNIDAD EN CUESTIÓN

     Bueno; es el momento de ubicarnos en el contexto histórico, recordemos que el proceso de parto de nuestras aborígenes se daba en lugares lejanos a la aldea y solamente se le permitía la compañía de una anciana más o menos con experiencia para recibir al crío, pero que pocas veces lo inducía, por ello no se le puede calificar de partera como ocurrió a partir de la colonia, también asumamos que los indígenas de la zona por razones estratégicas se inclinaban por habitar la parte alta de los valles en la cabecera de los ríos, y por último y algo evidente, el sitio para parir debía ofrecer; intimidad, comodidad, luminosidad y fuentes de agua para el necesario e inmediato aseo. De tal manera que la comunidad indígena de la zona tenía que disponer a tal efecto de un lugar con esas características y en su defecto éste puede considerarse como una Maternidad Prehispánica, ahora bien; dónde estaba ese lugar, pensamos con mucha propiedad que el lugar es precisamente el petroglifo hallado, por las razones siguientes:

     En el lugar de su ubicación es una hondonada  que prácticamente es imperceptible a simple vista pero, de fácil acceso a unos trescientos metros de la ruta principal desde lo alto del valle, ofreciendo así la intimidad necesaria para el acto maternal.

     La piedra tiene una sorprendente forma anatómica, similar a una gran butaca, donde fácilmente podría recostarse la parturienta  sin temor a resbalarse y quedando en la posición ideal para el parto por gravedad debido a la inclinación de la misma.

     La orientación hacia el este le permita aprovechar al máximo la luz del día para un acto de tan delicadas características y que las indígenas evitaban, en la medida de lo posible, utilizar la noche por temor al tigre americano o Lión  que tiene particular predilección o interés por las mujeres en cinta.

     Esta roca está literalmente enclavada en un arroyuelo que se arrastra en su base, cuestión ideal para que los residuos que se viertan en el proceso corrieran libremente al caudal principal y que además ofrecía al alcance de la mano el agua pura y necesaria para el aseo del parto, sumado a esto,  la roca posee canales naturales que llevan todo fluido que se vierta en ella hasta la corriente del arroyo.

     LA CONFIRMACIÓN DE LA TESIS

     Hasta ahora sólo hemos especulado sobre el posible hecho de la roca, y reconozco fue un travieso ejercicio, creo que hasta innecesario, pues la historia la cuenta de manera tajante la misma roca a través de sus grabados, la roca tiene justamente mirando al este y a la altura de la proyectada butaca un grabado grandioso, si señores una mujer pariendo, clásica figura en los grabados prehispánicos de varias culturas indígenas americanas, una hermosa mujer con los brazos alzados, las piernas abiertas y la boca en forma circular con una expresión de exhalación presurosa, además la barriga o vientre totalmente lleno, cuestión contraria a las clásica líneas de las otras figuras. Sencillamente me resulta imposible imaginar que todo esto sea una simple coincidencia, y mucho menos ofender a mis ancestros al dudar que con un lugar con tantas ventajas opten por utilizar otros menos apropiados, en fin sabemos que tal afirmación requiere de la rigurosidad científica de ley y que los estudiosos del caso tendrán más  dificultad en demostrar lo contrario a nuestra hipótesis que en confirmarla. Mientras yo me apegaré a la lógica y al instinto, y por supuesto iniciaré un estudio donde coteje un planteamiento que hizo el historiador Laydera Villalobos donde afirma que los primeros habitantes del valle habitaban hacia los lados de Perque, muy cerca de sitio en cuestión, y por qué no, luego desplazarme al otro petroglifo conocido como Los Indiecitos, que también registró ese día Gustavo y dada las reflexiones llevarlas a ustedes con la intención de motivarlos a seguir las huellas de los nuestros en lo nuestro y por lo nuestros.

 
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