Hubo un tiempo que en Guatire y Araira no existían vehículos automotores, y era la tracción de sangre el medio más conocido, por ello el profesional del transporte, el arriero, debía ser tan experto que debía conocer en que sitio debía marchar cada bestia dentro del arreo así mismo debía estar atento cuando una de las bestias presentaba algún defecto para caminar, por ejemplo si el animal cojeaba, el arriero debía examinar cada una de sus 4 patas para detectar si se trataba de un “Zapatazo” que consiste en un golpe que la bestia se da en la parte superior del casco o sea la parte que la bestia tiene al final de cada extremidad (pata) y que hace las veces de zapato, algunos le dicen pesuñas. El arriero revisa bien y si detecta que es un zapatazo, debe saber picarlo, ó sea lo que podríamos decir tecnológicamente, le hace una pequeña cirugía. También podría ser simplemente una piedra incrustada en el casco, así mismos el arriero debe saber curar lesiones de otros tipos que sufran cada una de las bestias que tienen bajo su responsabilidad, que se producen por causas del duro trabajo de estos animales, por lo tanto el arriero debía ser algo así como un veterinario.
Los arrieros, tienen sus preferencias entre los animales que administra, por ejemplo una buena campanera ó campanero, es tratado con especial cuidado porque es como el guía del arreo y debía tener cualidades espaciales tales como ser más rápida para desplazarse, ya que es la primera de la punta y por ende la que guía a todas las demás mediante el sonido de la campana, muchas veces el campanero ó campanera van bastante adelantadas de las demás, existe también el culatero ó culatera, que es la bestia que se desplaza de último detrás de todo el arreo, no todas las bestias sirven para ir en ese sitio, porque debe ser disciplinada y desplazarse sin empujar a las que van delante de ellos.
En el próximo número hablaremos de los más calificados arrieros que tuvo Guatire en el siglo XX y de su singular sistema de publicidad.