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Olivares continúa la pelea 1743 Unas trompadas en Guatire
 
Artículo.-

     El domingo 16 de junio de 1743 comenzó como cualquier otro en los valles de Guatire y Pacairigua, los habitantes del pueblo y los amos, esclavos y trabajadores libres de las haciendas circunvecinas se levantaron temprano para cumplir con su obligación religiosa de oír misa los domingos en la iglesia parroquial, precepto al que estaban obligados por la Iglesia Católica puesto que eran tiempos en que ésta dominaba casi todo aspecto de la vida diaria.

La capa impidió ver la misa

Cerca de las 9 de la mañana del campanario de la iglesia salía el sonido de las campanas haciendo los últimos llamados (o señas) a los parroquianos. La iglesia ya estaba casi llena, varios feligreses habían tomado asiento en lo que se llamaba el coro alto de la misma, entre ellos estaban José Antonio Lovera Otáñez, mozo de la clase de los pardos libres, criado de la casa de hacienda de los Arratia, ubicada en el valle de Guatire al norte de la hacienda “El Palmar”, quien se sentó en la primera fila del coro alto, detrás de la baranda. A espaldas de Lovera se acomodó José Manuel Olivares, también pardo libre, de 25 años de edad. Otros que estaban sentados en el coro eran: Domingo Marrero, isleño residente en el pueblo, de 32 años, Clemente de Campos, pardo libre, de 40 años y Andrés Estévez, isleño de 47 años, entre otros. Durante la celebración de la misa, entre los olores del incienso y de la cera de las velas que ardían los feligreses oían al Cura Capellán rezarla en latín, la mayoría de ellos sin entenderla, Lovera se colocó con los brazos abiertos sobre la baranda del coro y como llevaba puesta su capa tapó la vista a Olivares que estaba detrás de él. Olivares le reclamó y solicitó, de buenas maneras, por dos ocasiones, que bajara los brazos, como Lovera no le hizo caso, con voz más airada le preguntó si era sordo, a lo que respondió Lovera que se lo dijera de otro modo y que si no tenía otro “vagido” que dar, por lo que Olivares, molesto, trató de bajarle los brazos a la fuerza pero Lovera los volvió a montar y así continuó hasta que se terminó la misa.

Después de la misa, unas “trompadas”

Los feligreses salieron de la iglesia, entre ellos estaba Don Cayetano Gil de Arratia, de la clase de los hacendados de estos valles, de 36 años. José Antonio Lovera se acercó a Don Cayetano y le contó el percance ocurrido con Olivares dentro de la iglesia, a su vez Olivares se acercó a Domingo Marrero, quien fue testigo del incidente, y le dijo que iba a darle unas “trompadas”(unos golpes) a Lovera, Marrero le aconsejó que no hiciera caso a eso, que había sido una “muchachada” de Lovera y como Marrero vio que aquel estaba hablando con Don Cayetano de Arratia le repitió que dejara pasar el incidente porque Lovera “estaba arrimado a buen árbol”. Haciendo caso omiso al consejo de Marrero, Olivares se enfrentó con Lovera y le dijo “que demasía era aquella de no haberse querido apartar y dar lugar a ver la misa”, y sin dar ocasión a que Lovera contestara se le fue encima y le dio unas “trompadas”, derribándolo al suelo. Al momento acudieron algunas personas, entre ellas Agustín Borges, y los apartaron.

Don Cayetano Gil de Arratia interviene

Después de la misa Don Cayetano de Arratia escuchó a Lovera y posteriormente se dirigió al cuartel de milicias de la compañía de españoles de estos valles, el cual funcionaba frente a la plaza, en la casa de Don Mateo González (propietario para ese entonces de la hacienda Auyare). Estando allí en compañía del capitán Don Andrés Domingo González, José Francisco Gutiérrez de La Rosa, Francisco González Roscio, Andrés Estévez y Alonso Perdomo, escucharon la gritería que provocó la pelea ya que en esos momentos había bastante gente en la calle que acababan de salir de la misa, por lo que salieron corriendo del cuartel y vieron a Lovera limpiándose, recogiendo su capa del suelo y atendiéndose en la cara los golpes recibidos. Olivares había doblado la esquina e iba corriendo por la calle, Arratia echó a correr detrás de él con su espada en la mano y, gritándole, le preguntaba “que desvergüenza era aquella que había cometido”, Olivares se volvió, se puso el sombrero y le respondió “no es desvergüenza castigar una desvergüenza”, a lo que Arratia le gritó “Ah!!! grandísimo perro te desorejaré” y Olivares le respondió “más perro es vuestra merced”. Don Cayetano se le fue encima lanzándole un golpe con la espada y se lo dio en la “tabla del pescuezo” (la nuca), Olivares se le abrazó al cuerpo para evitar que lo siguiera acuchillando y después le agarró la espada con las dos manos por lo que se las cortó. Al momento acudieron varios hombres y los sujetaron a ambos, separándolos, entre estos estuvieron el capitán Don Andrés Domingo González, Don Antonio Díaz Padrón, quien sujetó a Olivares, Alonso Perdomo, quien le quitó la espada a Don Cayetano, y Pedro de Miranda. En ese momento Lovera aprovechando que tenían agarrado a Olivares se acercó por detrás y le pegó con un palo en el brazo, gritando “maten a ese perro”, cuando le lanzaba otro golpe Clemente de Campos gritó que le quitaran el palo, a lo cual Alonso Perdomo actuó rápido y detuvo el otro golpe pero se lo dio a Pedro de Miranda en la espinilla de la pierna cuando este trató de quitarle el palo. En ese momento Don Cayetano pidió un cabestro para amarrarlo y dio la orden de hacerlo a cuatro negros esclavos de su servicio que estaban allí, a lo cual Olivares replicó: “los negros son buenos para cortar caña no para amarrar”, se soltó y se fue a la posada del pueblo. Cuando se calmaron los ánimos a Lovera lo encarcelaron en el cuartel de milicias de españoles, bajo la vigilancia del cabo de guardia, sargento Buenaventura de Orta, y a Olivares en el cuartel de milicias de pardos, bajo la vigilancia del sargento Francisco Antonio Pereira, cabo de guardia, quien curó las heridas de Olivares. 

Se avisa al Corregidor

Ese mismo día, en Guarenas, a las 3:30 PM, se informó del caso al Corregidor y Justicia Mayor, Don Fernando de Mechinel, quien dio orden al Escribano Real Don José Antonio Gascón, residente en Pacairigua, para que al día siguiente tomara las declaraciones de los testigos para saber la verdad de los hechos. Gascón cumplió la comisión el lunes 17 de junio. El 20 de junio de 1743 en Guatire el Corregidor Mechinel, después de analizar los testimonios, mandó que Don Cayetano de Arratia guardara carcelería en su casa de morada, en la hacienda, bajo pena de 200 pesos si no lo cumplía y que se le embargaran sus bienes. A Olivares y Lovera les ordenó guardar carcelería en los cuarteles donde se hallaban. Ese mismo días se les participó en los cuarteles la decisión del Corregidor, mediante el Escribano Real. Cuando se pasó a la hacienda de los Arratia para hacer saber el auto a Don Cayetano, su mayordomo, Bernardo de Ávila, informó que Don Cayetano había salido a caballo para Caracas. El Corregidor tomó la salida de Arratia para Caracas como una fuga y el 26 de junio se publicó un edicto instando a Arratia a comparecer dentro de nueve días ante el tribunal del Corregidor para responder ante esta causa. El Escribano Gascón hizo que José Melián, negro esclavo que hacía el oficio de pregonero, lo pregonara ese día en la plaza pública de Pacairigua y después se clavó en la puerta del cuartel de los españoles, por estar ese cuartel en la parte más pública de estos valles, siendo testigos Don Juan Luís Vásquez, Don Carlos Alvarenga y Pedro Gutiérrez. Mediante escrito remitido al Corregidor por Lovera Otáñez el 22 de julio de 1743, éste solicitaba ser examinado por el cirujano del pueblo porque estaba enfermo y necesitaba ir a una casa a que lo curaran. Se ordenó al capitán Julián de Aguilar, quien hacía el oficio de cirujano, lo examinara. Aguilar certificó que estaba enfermo del estómago y botaba sangre por la boca, lo que podía ser de los golpes recibidos o de haberse golpeado la cabeza al caer al suelo, por lo que debía llevársele a otro lugar para “medicinarlo y sangrarlo”. El 24 de julio el Corregidor dio  la orden para que se trasladara a una casa a curarse.

El Gobernador y Capitán General Zuloaga termina el caso

Mediante carta escrita en el pueblo de Pacairigua, el 26 de junio de 1743, el Corregidor Mechinel informó la huida de Arratia al Teniente de Gobernador Licenciado Don Domingo López de Urrelo, quien estaba a cargo del gobierno de la provincia por ausencia del Gobernador y Capitán General Don Gabriel de Zuloaga. El 4 de julio el Lic. Urrelo ordenó que Arratia tuviera por cárcel la ciudad de Caracas, mientras se resolvía la causa, que a Olivares lo remitieran preso a Caracas y se le diera libertad plena a Lovera. El 29 de julio Arratia envía un escrito donde especifica que el Corregidor no hizo caso a la orden ya que era de su conocimiento que Olivares fue soltado del cuartel donde estaba preso y andaba libre en el valle de Pacairigua, inclusive en la casa de juego, y Lovera seguía preso, por lo que solicitaba la recusación del Corregidor en esta causa. El escrito lo recibe el Gobernador Zuloaga y el 31 de julio ordena al Corregidor cumplir lo indicado en el auto del 4 de julio. Las noticias recibidas de Pacairigua hicieron saber al Gobernador que Olivares se había fugado de la casa de Clemente de Mesa, sitio donde se hallaba curándose de las heridas. Lovera también se habían fugado de la casa donde estaba y no se encontraban en esos valles por lo que Olivares no podía ser enviado preso a Caracas. El 26 de febrero de 1744 se le tomó la declaración a Don Cayetano de Arratia y por la manera en que se expresaba de su criado Lovera, en sus escritos y en esta declaración, se nota que le tenía mucho cariño, lo cual explica porqué arremetió con tanta pasión contra Olivares después que éste golpeó a Lovera. En la misma dijo que castigó a Olivares ya que le había faltado al respeto siendo éste de “naturaleza pardo y humilde” y él “notoriamente reputado por hombre Noble” y que si su intención había sido matarlo lo pudiera haber hecho, pero solo lo hirió levemente con su espada para escarmentarlo. La causa se paralizó allí y Arratia, mediante un escrito, fechado el 24 de marzo de 1745 solicitó se terminara de decidir este proceso porque había estado paralizado por más de un año y él necesitaba salir de la ciudad. El Licenciado López de Urrelo, con permiso del Gobernador Zuloaga, sentenció la causa en audiencia pública en Caracas el 17 de mayo de 1745, se absolvió a Arratia, se le advirtió no incurrir en un caso similar y se le ordenó pagar las costas del proceso. La sentencia le fue informada el 18 de mayo de ese año, hasta aquí llegó el proceso. 

                              

 

 



 

 
Pelea del Siglo XVII
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