Los muchachos están brincando de contentos. La Sra. Carmen la mamá de Carylé, les ofreció una merienda fabulosa, pero no saben de que se trata. A Jesús lo mandaron a comprar unos cocos grandes, harina de maíz, papelón, y de paso le pidieron que trajera una naranja bien amarillita. Él está muy intrigado por los ingredientes, pero como no sabe nada de cocina –le basta con comer–, no tiene idea del plato que se fragua.
Carmen le pide a William y a Esteban que le piquen los cocos, le saquen la concha dura y estos obedecen animosos. Luego le toca a Luisana y a Jatcybeth pelarlos y picarlos en trocitos con mucho cuidado, ya que el coco tiene mucha grasa y eso hace que el cuchillo se resbale fácil mente.
En el fuego hay liquido vital calentándose para licuar en él –poco a poco– el coco picadito que luego exprime muy bien con una tela apropiada para ello, es como un liencillo. De esta manera le saca la leche al coco; parece una crema suave.
Aparte mezcla harina de maíz con agua natural, desliéndola muy bien (ella dice que debe quedar muy líquida, ya que luego se espesa muy rápidamente al cocinarlo) y se la agrega a la leche del coco, al igual que la concha de la naranja, una rajita de canela, azúcar y papelón, para llevarse todo al fuego moviéndolo constantemente, porque si no se engruma y la tersura debe ser muy fina.
Hay un aroma dulzón en el ambiente que tiene a todos locos, pero ninguno se atreve a decir que esta haciendo Carmen.
La preparación tiene un color marrón clarito muy brillante. Ya está espesa pero suave y la saca del fuego colocándola en platos hondos. La espolvarea con canela y el grito es uno sólo: ¡Majarete! ¡Que rico! Los muchachos no lo dejan ni que se enfríe mucho.
Carmen también hace el chivato, que es una delicia en color, sabor y aroma. Éste se hace con puré de auyama, harina de maíz amarillo, leche de coco bien gruesa y azúcar o papelón. El proceso es el mismo del majarete, solo que es recomendable licuar el puré con la harina diluida en agua a fin de que no se queden grumos. También hay que moverlo constantemente, ya que estas preparaciones se pegan al fondo de la olla (porque la harina se asienta) y si esto sucede el dulce pierde toda su contextura. El chivato es de un color anaranjado bellísimo y con un brillo de seda, no les digo nada de sabor para que lo preparen ustedes.