Temas principales
 Folclor ::
Versión Imprimible
Recuerdos De Clemencia
Bautizo de Muñecas en Guatire
Jesús María Sánchez
 
Artículo.-

     Muy pocos eran los juegos que podían escenificar las niñas a comienzos y muy entrado el siglo XX venezolano, dado que las mismas a muy tierna edad, concretamente las que residían en los pueblos y aldeas del país, debían dedicarse desde muy temprano a las labores del hogar y a ayudar a sus padres en las tareas que aquellos desarrollaban  en los conucos y vegas. En el universo rural no era extraño ver a las niñas cargando agua, leña y atizando fogones, Para ellas no existieron los llamados juegos infantiles, esos que con algarabía se observaban en los alrededores de las plazas de las ciudades.

     Nos contaba nuestra madre, Clemencia Sánchez, que dentro de las limitaciones de la niñez de sus días (ella nació en 1902, hija de María Sánchez y Juan José Guzmán), ella pudo, al lado de otras amigas, montar, así se lo oímos, pequeñas dramatizaciones, especie de teatro infantil, en el marco de algunas casas de las haciendas que rodeaban a la otrora bucólica población de Guatire. La memoria de Clemencia, privilegiada por cierto, la llevó a recordar con lujo de detalles un bello y alegre bautizo de muñeca, el cual tuvo lugar, con sus respectivas invitaciones, en una de las casas de la hacienda La Margarita, propiedad de Manuel Hernández Suárez, dueño también de la botica La fe. La figura, hecha por las manos hacendosas de alguna madre, empleando para ello los trapos que podía conseguir en la casa, fue vestida por las chicas del lugar con colores alegres e identificada con nombres y apellidos. La muñeca que fue llevada a la improvisada pila bautismal, donde alguno de los amiguitos de las niñas representó al reverendo, se llamaba Estrella Lourdes Anduela, y fueron los padrinos Wenceslao Ascanio y Jesús Bustamante y las madrinas María Luisa Osorio, María Luisa García y Clemencia Sánchez. Al lado de la chiquillería, y con la presencia de adultos, no faltó la música de un grupo llamado La Cañonera, donde tocaba, para la época el músico cañonero más conocido, Cipriano Segovia. Allí se bailó, se obsequiaron cuadros, dulces, bebidas y retratos.

     ENTRE MÚSICO Y PESCADORES

     En el marco de esos recuerdos, mi progenitora nos hablaba de curtidos trabajadores de las haciendas de caña dulce que tenían que cumplir jornadas agotadoras, como Rosendo Blanco (cachero), Carlos Sánchez (veterano en el punto del guarapo) y los veteranos de garrochas y en la orientación de bueyes halando carretas preñadas de caña hacia los trapiches, entre quines destacaron Bernardo Solórzano, Esteban Regalado y Severino Tamayo. Por cierto, Clemencia hablaba con especial admiración de “Chamariapa”, quien tenía la particularidad, como diestro músico popular, de tocar la guitarra mientras que una de sus manos se la llevaba a una de las orejas. Aquello era para coger palco y no apartar la mirada del guitarrista. Tiempo para dejarles, en esta crónica, especie de disco en el tiempo, como a lo largo y ancho de nuestros ríos, los de Guatire, cuando eran de aguas cristalinas, se desplazaban pescadores lanzando, como grandes abanicos, sus atarrayas, muchas de ellas tejidas por José Caruto en su pulpería situada entre la calles 9 de Diciembre y Páez, que sacaban repletas de sardinas, camarones, petoras, para luego, ensartadas, venderlas por las calles guatireñas. En este campo no podemos olvidar a Pedro “El Sordo” Lara, Antonio Pérez (guitarrista), José Agustín “Muza” Aranguren y Roberto Gil. El “Negro” Félix Castillo, por muchos años bedel del Grupo escolar Elías Calixto Pompa y el Liceo Juan José Abreu, especie de buzo, buscaba las cuevas donde se encontraban corronchos, bagres y guabinas, de donde los extraía como por arte de magia; Castillo, además de ser diestro pescador, jugó alegremente béisbol y, colocado en medio del río Pacairigua, llenaba, sacándola del medio de la corriente, por lo tanto lavada, camiones de arena.

     En los días del transporte de mercancías empleando carretas, Clemencia Sánchez le rendía culto a Félix Mijares, quien hacía viajes empleando mulas para halar los carros, entre las haciendas El Marqués y La Margarita, sin dejar de cumplir con otros compromisos que lo llevaban hacia los dominios de Caracas y Caucagua.

 
Home    TereTere    ¿Cómo Participar?     Tarifas    Contactenos
©2006 Fundacion Tere Tere - Desarrollado por Repus Tecnología
Políticas de Privacidad y Confidencialidad - Admin