Con el desprecio como fuente energética ideal, ya que la investigación mundial anda tras la fuente de energía que alterne o sustituya al Rey Petróleo, vale recordar que entre otras cosas que han tenido su reciclaje a través del tiempo como las modas, costumbres, ritmos musicales y otras cuantas frivolidades, el carbón vegetal en similar vuelco toma reubicación socioeconómica revalorizándose después de un lapso temporal que lo relega casi a lo ignorado.
El combustible único y necesario del fogón de ayer es desplazado al final de los años treinta cuando el hidrocarburo negro y sus subproductos hacen aparición en el territorio nacional. Tiempo después, el carbón vegetal reaparece a nivel económico y social redimensionado y con una utilidad que si bien no es distinta es más exquisita, específica y en ambiente más refinado. La zona carbonera de Guatire estaba para entonces ubicada en lugares periféricos de la población, preferentemente hacia la parte oriental, y comprendía El Desvío, Careo, El Rodeo y la vertiente hacia la quebrada de Ceniza de las serranías colindantes. La tarea de la fabricación del negro y noble combustible, en un intento descriptivo de apretada síntesis, consistía en quemar parcialmente leña verde de Cují, Dividive, Guire o Guatacare que eran por excelencia la materia prima forestal carbonera. Los quemaderos recibían el nombre de “Hornos de carbón” o igualmente “Hoyos de carbón”, aunque paradójicamente estuvieran sobre la superficie. Básicamente era un apilonamiento organizado de rolos de diferentes tamaños que recibían el nombre de “Ripios”, los cuales se entrecruzaban alrededor de un palo recto y palo o vigueta colocado en posición vertical que servía de eje central y le daban el nombre de “Mecha”. El apilonamiento crecía hasta recibir toda la madera ofrecida en corte y, una vez terminado el ordenamiento de la ruma de leña, esta tomaba el aspecto de una pirámide, la cual sería cubierta exteriormente de pasto, gamelote y monte verde variado para luego tomar un tapiado de abundante tierra arenosa o polvillo, de manera tal que su apariencia finalmente era de una loma de tierra simplemente.
ALGUNOS CARBONEROS O QUEMADORES DE CARBÓN
Una vez terminada esta pirámide cubierta de paja y tapiada de tierra, la mecha o eje central era retirada hacia arriba y se introducía por su espacio tizones de leña y brasas incandescentes en buena cantidad que iban a dar precisamente a la base o “nicho” de esa rumazón de leña verde, comenzando allí, en ese lugar adecuadamente preparado con cierto material de fácil combustión inicial, la combustión masiva incompleta que produce la ausencia parcial de oxígeno o anaerobiosis relativa. Al tiempo previsto según la cantidad de “ripios” o rolas, el carbón estaba fabricado y tarea inmediata era el desmontaje de la cubierta de tierra y paja dejando al descubierto el negro carbón. Recolectado en sacos pequeños de veinticinco kilogramos y sacos grandes de cincuenta kilogramos o “muleros” para ser transportados a los centros de almacenamiento y distribución de arreos de burros y mulas de acuerdo al tamaño de la carga, y recibir luego como paga la cantidad de ocho bolívares los cien kilogramos. Se recuerda con asombro el famoso horno que produjo setecientos sacos muleros de carbón quemados por los hermanos Lamón en las inmediaciones de Ceniza, adquirido en venta en su totalidad por don Tiburcio Rodríguez, propietario de la Hacienda El Bautismo. Entre las familias guatireñas dedicadas a este tipo de oficio, carboneros o quemadores de carbón como solían designársele, estaban los Lamón, Guarata, Rivero, Castillo, Esteban M. Miranda, Benito Rebete y Avelino Cardozo, entre otros, los más de ellos lugareños de los predios carboneros de El Rodeo.
UNA HISTORIA FELIZ
En la actualidad, cuando se procura afanosamente la energía nuclear, solar, la del mar, la del viento y la hidráulica, el carbón tiene su lugar ganado y no competido en el mercado mundial con una redimensión en la escala socioeconómica que lo traslada raudo de su venta en pulperías y bodegas, a los despachos tecnificados y confortables supermercados, empacado de lujo impecablemente y con dispositivos de ignición automática y otros accesorios. Sale de la obsoleta cocina de ayer de topias tiznadas y cenizosas, a las más sofisticadas parrilleras en los más aristocráticos jardines, parques y salones de hogares y clubes, rodeado d e la más pulcra vestimenta en fiestas y saraos, completando el buffet y a las más finas bebidas y rebuscadas exquisiteces. Hemos asistido pues a la metamorfosis del plebeyo tizón a la redimida “bolsita de carbón”que hoy conocemos dejando atrás un pasado de “negreada” condición. Con la muy noble y gallarda actitud de aumentar su rango social sin olvidarse de la clase humilde de donde salió, sirviendo por igual a las más refinadas élites que a la gente orillera que lo vio nacer. Del minusválido social con poder menguado ayer, a miembro estelar del “Black Power” de hoy. Sale de la obsolescencia por esfuerzo propio, sin sociedades de amigos ni organizaciones internacionales.