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El Tío de Tenampa
Aníbal Palacios
 
Artículo.-

     Se puede considerar a Emilio Dalmagro como el padre de los mariachis guatireños; fueron su inspiración, su tenacidad y su constancia, las cualidades que le permitieron conformar una agrupación que desde su primera presentación logró cautivar a los amantes de la música mexicana.

     Emilio nació el 5 de abril de 1941, y su pasión por esta música le llega a través de las películas que solía ver en el cine de Cipriano, en la calle Bermúdez, cuando a los 19 años su familia se mudó de Canela a Guatire. Su sueño entonces era poder cantar con mariachis, y se le cumplió casi 30 años más tarde. Conoció a Luis Hueres y Alí Blanco, y con ellos formó un trío que interpretaba viejas canciones de Julio Jaramillo, Los Ángeles Negros, Los Terrícolas y, por supuesto, Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís; no se daban abasto para complacer todas las invitaciones de los amigos. Un buen día, en la tasca de Balconcito, lo invitaron a cantar; su interpretación de rancheras fue tan impactante que los aplausos no cesaron en toda la noche. En un breve momento de descanso le dijo a sus compañeros: - Sobrinos, hay que buscar otros músicos, porque hoy nació el mariachi guatireño.
Y así fue; a Emilio, Alí y Luis se le unieron inicialmente Carlos Escalona, Walter Arenas, Jorge García y Juan Moya; durante tres meses mantuvieron un riguroso y disciplinado ensayo; cuando Emilio consideró que la Banda estaba a punto, en una original campaña de mercadeo, salieron a recorrer los bares y tascas de la población, debidamente uniformados, para mostrar gratuitamente el producto final… llovieron los contratos. Ponerle nombre al grupo no fue tan problemático; Alí y Luis, que llamaban tío a Emilio, propusieron “Los tíos de Tenampa” (mítico bar mexicano donde, al parecer, más de una vez sacaron borracho a Tony Aguilar), pero Emilio Dalmagro sugirió “Los sobrinos de Tenampa”, y así quedó para la historia musical guatireña; Emilio era una especie de Director Ejecutivo y Juan Moya  el Director Musical.

     Realizaban un promedio de 14 “toques” cada sábado, y en una oportunidad, día de las madres, visitaron 25 hogares; si tomamos en cuenta que en cada ocasión interpretaban 8 canciones, sin incluir las consabidas ñapas, podremos entender lo agotador de la actividad.  Fiestas de 15 años, bodas, graduaciones, serenatas, presentaciones en discotecas; en fin, el éxito alcanzado fue tan grande, que hasta recibieron una invitación para actuar en la isla de Madeira, y enloquecieron con su ritmo a los lusitanos.

      Ocho años después Emilio decide retirarse, en previsión de su salud, pero ya el trabajo estaba hecho; del grupo salieron algunos músicos que crearon otras bandas, y hoy son varias las que compiten en el mercado; todas ellas inspiradas en el sueño de Emilio Dalmagro.


 

 
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