Su carácter es ecuánime, tiene una sonrisa perturbadora, una mirada encantadora y una voz tan tenue como las notas musicales que con su violín interpreta. Su existencia está plasmada como la de cualquier ser humano, llena de momentos tristes, pero de muchos momentos alegres. De la música ha obtenido un bagaje de experiencias que lo han nutrido y han hecho de él, lo que es hoy, un gran hombre. Un pensamiento de Andrés González es una larga introspección, es un viaje hacia las cavernas más oscuras de la conciencia, una lenta meditación. Él, interpretando partituras a tientas en el silencio, descubre partículas de verdad, pequeños cristales que caben en la palma de su mano y justifican su paso por este mundo, al que llegó el 5 de abril de 1983. A los 7 años de edad ingresó al universo de la música, en el núcleo Vicente Emilio Sojo de Guatire, pasando a integrar la Orquesta Infantil, aún sin imaginar que su talento lo ubicaría posteriormente en la Orquesta Juvenil y en la Orquesta Infantil de Venezuela para el \'94. Hoy, con 19 años de edad y admirando a los violinistas Alexis Cárdenas (venezolano) y al internacional Jascha Heifets, Andrés imparte clases de violín en el Conservatorio de Música Simón Bolívar, y ocupa el primer violín en la mejor Orquesta de Venezuela, la Sinfónica Simón Bolívar. Es un hombre determinado, que deslumbra por la elocuencia de su discurso, por su timidez, por eso tan límpido que transmite, por esa cualidad transparente que no solo es inocencia, sino auténtica rectitud. Ha recibido mucho de la música, aplausos, sueños hechos realidad, viajes y mucha admiración. En su currículo musical, lo extraordinario es haber integrado seis orquestas donde ha sido concertino. Andrés es el niño que fue, el joven que es y el hombre que será, todo unificado es uno solo, capaz de ser niño, joven, hombre, hermano, hijo y amigo. Aún teniendo grandes responsabilidades, tiene tiempo para ser normal, cursa estudios musicales en la IUDEM, disfruta de las buenas películas, come ricos helados y camina con sus amigos, también músicos, explorando cada vericueto de este mundo. El día que lo conocí, comprobé que era tal como lo imaginaba, la misma estatura, las pupilas claras y los huesos fuertes, con ese aspecto de sabio que a simple vista lo convierte en intelectual; de pocas palabras, preciso al hablar como en todo lo demás, pero con un delicado sentido del humor que suaviza el peso de sus conocimientos. Recuerdo cuando él tomó su instrumento de cuatro cuerdas, templadas de quinta en quinta y me regaló un par de piezas. En la actualidad y haciendo realidad una de sus grandes metas, dirige la Orquesta Sinfónica Juvenil Francisco de Miranda, con el apoyo de la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Bajo su batuta 80 jóvenes le dan armonía a los instrumentos. La música le satisface más que nada en el mundo, su vida la ha dedicado a prepararse para ello; contando siempre con el apoyo de su familia (integrada por grandes músicos, a propósito) ha demostrado estar en el pedestal de los grandes, ha demostrado ser la inspiración próxima de los hoy infantes en la música.