Conversar con Guido Blanco equivale a conocer la historia futbolística del Municipio Zamora en vivo, con la voz no sólo más autorizada, sino, además, la única. Guido es la tradición oral, viviente y real de este deporte que, a pesar de marginado, mueve voluntades y despierta un interés mayor en sus seguidores que en sus dirigentes nacionales.
Su personalidad es única por la cuantía y calidad de información que atesora, por su pasión por esta disciplina deportiva y porque, sencillamente, el fútbol en Guatire es sinónimo de Guido Blanco; el hecho de que el estadio haya sido bautizado con su nombre, no es más que un sencillo reconocimiento a un hombre que no solamente ha enfrentado todas las adversidades que constantemente atentan contra el desarrollo del fútbol nacional, sino que también ha vencido los obstáculos domésticos a su empeño, que no han sido menos.
Cuando en los años sesenta el guatireño se desvivía por la alta calidad del béisbol aficionado local de entonces, y algunos jóvenes drenaban exitosamente sus energías con el voleibol, Guido Blanco, solo, terco, tenaz, insistía en el balompié. ¿De cuántos campos deportivos fue echado porque "dañaba" la superficie del terreno que era para practicar béisbol?... De todos.
Pero eso no lo amilanó; los años, la paciencia, la afición, y la terquedad, le concedieron su mayor anhelo: que el fútbol en Guatire tuviera su propia cancha.
"Contamos actualmente con 40 equipos de menores donde juegan alrededor de 600 niños", nos dice emocionado. "Los recibimos desde los seis años". Pero, nostálgico, nos confiesa que cuando son adolescentes estos jugadores se alejan de las canchas guatireñas para engrosar las filas de las instituciones universitarias. Es como un padre que ve alejarse a sus hijos con tristeza, pero acepta que retenerlos bajo su sombra los perjudica.
"Estimulamos su progreso deportivo, académico y social, y quienes no acceden a las universidades los acogemos en un club (Pacairigua), que juega en la Liga Metropolitana de Los Criollitos. Resulta oneroso, pero allí nos mantenemos" relata.
La Liga de Fútbol de Guatire no cuenta con el apoyo oficial. Vive de la autogestión. Se mantiene con la ayuda de los padres de los jugadores y uno que otro mecenas del deporte, y aún cuando sus aportes no son cuantiosos, "ayudan en algo". La Alcaldía sólo sufraga la vigilancia del estadio, la energía eléctrica y el agua.
¿Y la Federación?, preguntamos ingenuamente. "La Federación Venezolana de Fútbol no asiste a los campos de fútbol menor. Espera a que el muchacho esté listo en la Sub-17, para conocerlo en las competencias nacionales. La Federación no forma, desarrolla, ni estimula futbolistas. No existe para el fútbol aficionado".
No había rabia ni resentimiento en sus palabras, no era una queja; simplemente se limitaba a describir una realidad.
¿Qué importancia tuvo para el fútbol local la presencial del "Marítimo" en Guatire?
- Fue algo relevante por el lugar que ocupaba ese equipo en el fútbol profesional venezolano de Primera División. Para niños y jóvenes significaba una esperanza, una ilusión de poder vestir esa camiseta, de acceder a ese nivel. Era como si tuviésemos aquí una universidad; nuestras posibilidades de mejorar académicamente aumentarían. El Marítimo nos dejó sólo eso, no recibimos otra cosa, pero fue muy importante.
¿Por qué genera tanta expectativa nuestro fútbol si se supone que no hay mayor afición?
- Por la globalización, en este caso de la información. Constantemente recibimos información del balompié internacional, y eso nos hace soñar. En este premundial es probable que contra Colombia y Ecuador haya más público en las tribunas de esos países que del nuestro; pero en todo caso al venezolano le gusta ver un juego de alto nivel, y cuando se lo proporcionan llena las tribunas.
Dejamos a Guido Blanco, solo otra vez, con un saco lleno de uniformes, balones e ilusiones; todo lo comparte, y a todos alcanza.