Los años iniciales del presente milenio nos invitan al balance y la reflexión. Al revisar la actuación de los guatireños en función de dirigentes de la comunidad, durante la última centuria del siglo pasado, nos encontramos con la figura de Antero Muñoz Escalona. Guatireño nacido en el alto de Macaira el 3 de enero de 1867. Comerciante de oficio, dueño de la sala de cine Apolo, donde la población conoce la pianola y el espectáculo del cine mudo y sonoro.
Desde muy joven muestra una inquebrantable vocación de servicio a la comunidad que muy pronto lo vincularía en rol protagónico en cuanta actividad y acontecimiento sucedía en la población. En el convulsionado país de principios del siglo XX se hace guerrero por la causa Liberal, y obtiene en batalla el grado de Coronel. Don Antero, como era popularmente llamado, forma familia guatireña con Dionisia Berroterán, hija del líder liberal-amarillo General Sandalio Berroterán; de viudo, luego se desposa con Juana Pompa, perteneciente a una familia de tradición y abolengo poético. La actividad cívico-político-militar lo lleva como líder al Concejo Municipal y la Jefatura Civil en muchas ocasiones en Guatire, Caucagua y Capaya. No obstante, la dimensión de su liderazgo estuvo siempre por encima del cargo público. Alterna la función pública con los alzamientos militares y las inquietudes literarias de fina vena poética y dominio estilizado del género epistolar. Publica sus versos en las páginas literarias del poeta Andrés Mata en el diario El Universal, del cual era agente y corresponsal. Funda y dirige el periódico “El Barloventeño” en Caucagua, cuando a la sazón era Jefe Civil de la población. A principio del siglo XX organiza la Peña Literaria de la que fue alma y motor, junto con guatireños de aptitudes afines como los doctores médicos Carlos Eduardo Cruz, Manuel Felipe Tirado, Ramón Alfonzo Blanco y, los no menos ilustrados vecinos, Andrés Pacheco Miranda, Luis Betancourt, Jesús María Franquiz Jiménez, María Rubio, Claudio Rico, Régulo Rico y Vicente Emilio Sojo entre otros. Centro literario donde disfrutaban de veladas artísticas, recitales, lecturas, traducciones, dramatizaciones poéticas, charadas, sainetes y cuadros vivos.
Notable prestancia...
Don Antero atendía a los vecinos desde la función pública y fuera de ella, sin audiencia y sin horario, en su casa y en la calle. Le solicitaban el consejo oportuno, elaboración de documentos, el aval personal, la solidaridad, ofrecimientos de ahijados y, le mostraban adicionalmente, una suerte de obediencia paternal. Al respecto, el escritor guatireño Guido Acuña dice...”Don Antero Muñoz Escalona, pura dulzura en el remellón del trapiche... La simpática personalidad del Sr. Antero Muñoz... Su estampa pródiga en el trato, en la que retratábase ese tipo característico de los pueblos interioranos, vaciado del molde hispano en la arcilla indígena y bajo el calor revitalizador del negro africano... Tenía una pierna fracturada desde el remezón telúrico del año 1900... Quedándole el andar descompasado, por lo cual sin embargo de dejaba de marcarse en él un cierto aire de notable prestancia... Atento a quien le llamara, no dejaba ni a chicos ni a grandes, preguntas sin respuestas”. Miranda. Frescos e Iluminaciones. Pomaire 1991.
Sus buenos oficios
La comunidad confió en él sus proyectos más importantes. Así lo encontramos presidiendo la Junta de Reconstrucción de la iglesia derribada por el terremoto de 1900. Presidente Vitalicio de la Sociedad del Nazareno y auspicia y patrocina la construcción de la hermosa capilla para el santo en la calle Real del pueblo. Don Antero estaba presente en cuanta calamidad colectiva aconteciera. Asume la responsabilidad de almacenar el aceite de tártago en la Casa Parroquial, y distribuye la dosis a la población, en la epidemia de peste de 1918. Cuando la rebelión de los estudiantes caraqueños de 1928 enviados a trabajos forzados en la carretera de Araira; don Antero organiza a su paso por Guatire la recepción y auxilio, instalando puestos de abastecimientos de comida pan, huevos salcochados-, desde la entrada en Las Barrancas hasta la salida en El Placer. El hogar de la familia Muñoz permanecía abarrotado de familiares, solicitándole sus buenos oficios ante el Jefe Civil para visitar los estudiantes.
¿Acaso es usted el instigador?
La autoridad de don Antero no requería de investidura oficial, sabía muy bien tomar la dirección en los momentos que la población demandaba liderazgo, tanto así, que en la insubordinación civil del 27 de diciembre de 1925 toma las riendas de la situación que tomaba ribetes de linchamiento al Jefe Civil, Coronel Gregorio Guzmán Peña y Arturo Mérida, Jefe de la Policía. Ambos se habían ganado el odio por malos tratos a la población y desafueros administrativos. La furia colectiva había estallado por agresión brutal a un niño en la manga de toros. Reseña este acontecimiento don Angel María Daló, primer cronista de Guatire. “Poblada en Guatire contra las autoridades civiles de 1925. Ante el feo cariz que presentaba el momento, varias personas intervinieron consiguiendo aplacar los ánimos, entre ellos el Sr. Antero Muñoz Escalona quien se dirigió a la multitud pidiéndole abstenerse de toda acción violenta... que había otros medios más eficaces... un grupo de personalidades, entre otros: Marcos Lander, Hilario Delgado y Ramón Palacios, con el Sr. Antero Muñoz a la cabeza fue a la Casa de Gobierno seguido de la multitud; al encontrarse con el Jefe Civil, éste le increpa: ¿acaso es usted el instigador? Nada de eso, le contestó el Sr. Muñoz, estoy tratando de evitar acciones peores, absténgase de hacer armas contra el pueblo y nada pasará... El día siguiente una comisión presidida por el mismo Sr. Muñoz se dirigió a Macuto donde a la sazón se encontraba el Presidente Gómez y, allí los recibió, Los funcionarios fueron destituidos de inmediato”. ULTIMA HORA MIRANDINA. Guarenas 5 de febrero de 1983.
Hombres que no mueren
Don Antero fue Secretario de la Junta Bolivariana pro-conmemoración del centenario de la muerte del Libertador en 1930. Y toma especial protagonismo de este acontecimiento ante la incertidumbre política de la Junta. Ordena a Pablo Rafael Prieto, alias “Cucarachero”, la destrucción de la vieja plaza Zamora y el desplazamiento del busto. Ante el reclamo del General Encarnación Arenas, autoridad gomecista, Don Antero convoca a la población al cine Apolo y comprende la voluntad del pueblo. Se iniciaba así la construcción de la Plaza “24 de Julio”, cuyo nombre le atribuyen la autoría. Sobre este pasaje de la vida de Don Antero escribe Gustavo Graterol: “Hombres que no mueren ... Hay hombre que después de muertos aún viven en el corazón de los pueblos. Antero Muñoz Escalona es uno de ellos... Hombres de su envergadura son los que necesitamos... Los hombres que pretenden hacerse figura hoy necesitan para el caso seguir el ejemplo de Muñoz Escalona, quien desinteresadamente luchó a brazo partido por su pueblo. En plena tiranía, mostró siempre su firmeza en contra de los regímenes despóticos. Cuando la Junta Bolivariana de 1930, pasaban los días y no se resolvía nada sobre la construcción de la hoy Plaza 24 de Julio, Antero Muñoz Escalona con su espíritu resuelto siempre a la lucha, ordenó a un sobrino suyo que destruyera el viejo pavimento de la plaza, que tumbara los bancos viejos la plaza y quitara la estatua de Ezequiel Zamora y la diera a guardar en la casa de Luis Graterol... Cuando se informaron de quien había sido la orden, lo interrogaron y éste contesto: “ “Ya no hay otro remedio que construirla nuevamente, luchemos para ver coronados nuestros ideales”...Prueba de aquellas palabras resueltas que debían imitar sus contemporáneos para engrandecimiento de nuestro pueblo, es la plaza 24 de julio y el bello monumento erigido a nuestro Libertador... Hombres como Antero Muñoz Escalona no mueren”. EL INDIO, Guatire 21 de agosto de 1938. Año I Mes I.
A todas luces
Era de público conocimiento su desafecto a la dictadura gomecista, sin embargo, en reconocimiento a su liderazgo se le nombra Presidente de la Junta de Notables para vigilar la conducta de los funcionarios públicos, organismo que presentaba cuentas semestralmente al Gobierno Regional. En su honor, la Municipalidad guatireña crea y patrocina la escuela primaria “Don Antero Muñoz Escalona”, dirigida por el educador Rafael Vicente Borges. Don Antero fallece el 11 de diciembre de 1933. La Municipalidad decretó duelo oficial por tres días, y el pueblo abatido y pesaroso, hace la más grande manifestación de duelo popular bajo una lluvia tormentosa, intempestiva e inesperada, lo que no fue impedimento para que las notas musicales de la Escuela del Maestro Régulo Rico, acompañaran al cortejo fúnebre hasta su última morada. Resulta inelegante ponderar los méritos de la familia, pero las realidades históricas pesan y las circunstancias obligan. A todas luces, parece difícil que pueda encontrarse en la sociedad civil guatireña del siglo que recién terminó, un dirigente con tanta inquietud social y sana vocación de servir al colectivo, con tan dilatada hoja de servicios, de tantos créditos, con la versatilidad y cobertura de liderazgo y la estatura intelectual y moral de Don Antero. No resulta descabellado advertir entonces que Don Antero Muñoz Escalona estará entre los más grandes dirigentes de la comunidad guatireña de todos los tiempos.
En tiempos del abuelo no se conocía la cultura insolente de: “¿Cuánto hay pa\'eso?”
Antero Muñoz fue una de las figuras fundamentales de Guatire a principios del siglo XX; un líder nato creyente de la expresión “hechos son amores”, por lo que se dedicó a trabajar en beneficio de un pueblo que, ciertamente, requería no solamente de recios personajes que encausaran su destino, sino también con gente preparada y con visión de futuro.
Nació en Macaira el 3 de enero de 1867; en una época en la que había que participar en esa guerra incomprensible que destruyó al país durante casi un siglo y en la cual casi no había oportunidad de escoger bando de lucha, sino que los jóvenes se adherían, a la fuerza, al primero que pasara reclutando por el pueblo, gobierno o revolución, Antero se unió a las fuerzas de Cipriano Castro por convicción. El arribo al poder de Juan Vicente Gómez, deja a Antero Muñoz no propiamente como enemigo del gobierno, pero si como alguien no afecto. Eso no le restó deseos de ayudar a la consolidación de su terruño; sólo los políticos consideran que hay que ser gobierneros para trabajar por la comunidad, y Antero no era político.
El perfil de un líder
Comerciante de profesión, se casó con Dionisia Berroterán, de cuya unión nacieron Pablo Antero, Felipe, Pedro y Trina, Al enviudar insistió en el matrimonio y se unió con Juana Pompa; sus nuevos hijos fueron Ramón, Juan José, Elías, Arturo y Antero. Hombre culto, leído y viajado, como se decía entonces, Antero Muñoz fue uno de los precursores de la difusión cultural en Guatire; creó una Peña Literaria junto con Ramón Alfonzo Blanco, Luis Betancourt, Elías Centeno, Manuel Hernández, Gabriel Churión, Carlos Eduardo Cruz -abuelo de Carlos Cruz Diez-, y Régulo Rico, entre otros. Fundó el “Salón Ideal”, ubicado en la calle Miranda, cerca de la Capilla del Nazareno, y lo convirtió rápidamente en un centro de tertulias y representaciones teatrales, que servían de esparcimiento los fines de semana. Posteriormente adquirió el cine “Apolo”, conocido en los años sesenta como el “Cine de Cipriano”, frente a la placita de la Virgen de Coromoto, en la calle Bermúdez. Allí los jóvenes guatireños y araireños conocieron el cine mudo. Julián Tovar se encargaba de animar musicalmente la velada antes de cada función, y los asistentes pudieron conocer la primera pianola que emitió sus notas por estos lares, ejecutada por Antonio Perdomo y Manuel Muñoz.
Baluarte de nuestro gentilicio
Es recordada su iniciativa de ofrecer comida a los estudiantes que en el año 1928, pasaron por las calles de Guatire rumbo a Araira; es que Antero Muñoz anteponía la justicia al miedo, lo que le ganó el respeto de todos los habitantes de Guatire. No temía enfrentar a los todopoderosos Jefes Civiles cuando había que defender la dignidad del guatireño y el araireño, y era motor de cuanto proyecto cultural y social ideaba o le era consultado. En una oportunidad, a mediados de la segunda década del siglo XX, se enteró de que Villa de Cura había sustituido un busto del general Zamora por una estatua, y logró que donaran el busto a Guatire; se reformó la plaza del pueblo, que a partir de entonces fue conocida como plaza Zamora. Formó parte también de ese grupo de ilustres guatireños que en 1930 desafiaron al gobierno gomecista y promovieron la adquisición de la estatua pedestre de Guatire.
Antero murió el 11 de diciembre de 1933, el día del sepelio llovió fuertemente, pero eso no fue obstáculo para que el pueblo entero le rindiera una cálida despedida.
La fresca memoria de Trina Muñoz
Trina Muñoz, la hija menor de Antero Muñoz, nació el 26 de mayo de 1907, y habla con una claridad y fluidez que ya desearan algunos más jóvenes. Quisimos hablar sobre su padre, pero además de los datos requeridos, nos obsequió importantísima y variada información sobre costumbres de su época, entre las que deseamos destacar que la celebración más llamativa de Guatire durante las tres primeras décadas del siglo pasado, después de la Cruz de Mayo, era la de la Virgen del Carmen; ocurría que, al no haber iglesia en Araira, toda su comunidad preparaba las mejores galas cada 16 de julio, para rendirle homenaje a su patrona… en Guatire.
-¡Cómo que van a quitar la estatua de Bolívar!-, fue su expresión cuando se enteró que iban a colocar una estatua ecuestre en la Plaza 24 de Julio.
- ¡Tú sabes lo que caminamos nosotras para recolectar fondos para adquirir la estatua de Bolívar legislador y guerrero!... ¡¡Eso no lo podemos permitir!!- Añadió con ímpetu de iniciar una nueva lucha, a los 88 años que contaba para la época.