En la actividad pública de Miguel Lorenzo García destaca un sobresaliente rasgo: entendió cabalmente la esencia de la política; es decir, se dedicó a servir a su comunidad, jamás utilizó un cargo público para sacar provecho propio y administró los recursos del municipio con honestidad, probidad y eficiencia. He allí su virtud, he allí su ejemplo. Esto permite que resalte el que en los últimos 58 años son muy pocos los Concejales de los cuales se pueda decir lo mismo y, ciertamente, ningún Alcalde.
Miguel Lorenzo García, comerciante de profesión, fue fundador en Guatire de Acción Democrática, su vieja amistad con Rómulo Betancourt, de alguna manera, así lo exigía. Pero era un adeco atípico para la época. Los adecos, que a partir del año 1945 irrumpieron en la vida política del país eran dogmáticos, sectarios, reaccionarios, prepotentes y arbitrarios con las excepciones de rigor-; cualquier semejanza con la realidad política de hoy tal vez sea una simple coincidencia. Miguel Lorenzo era un hombre riguroso pero afable, respetuoso y considerado, aún con sus adversarios políticos. Carecía de afán protagónico porque entendía el servicio público como una acción anónima, no buscaba prebendas. Le correspondió presidir el primer Concejo Municipal electo por votación popular en el año 1947. La barrida del voto blanco la evitó Carlos Grippa por COPEI, y el día de la juramentación las turbas de entonces, que no le perdonaban el haber obtenido también el voto de otro sector político de la población, le gritaban obscenidades en el recinto de la Casa Municipal y desde la calle, a través de los abiertos ventanales… ¿será que la historia es cíclica y repetitiva?
Pero tumbaron a Gallegos
Al terminar el acto un asustado Grippa se disponía a abandonar el recinto, cuando una mano lo agarrò por el brazo. - ¿A dónde crees que vas, acaso eres loco?. Era Miguel Lorenzo García, quien agregó: - De aquí sales conmigo. Claro está, Miguel Lorenzo tenía un merecido y ganado respeto como ciudadano, lo que le permitía actuar libremente como político. En una oportunidad, la fracción municipal del partido gobernante, empeñada en aumentar la burocracia (seguimos hablando de 1945) propuso que se empleara a dos obreros para atender la jardinería de la Plaza 24 de Julio. Miguel Lorenzo, que a pesar de su ascendencia pública y política no le gustaba imponer su criterio, resolvió nombrar una Comisión que estudiara la propuesta, y asumió la misma junto con Carlos Grippa. Caminaron una cuadra y entrevistaron a los jardineros Amalio Gómez y Pedro Mejìas… -La Plaza está muy bonita y bien atendida, Amalio, ¿se dan ustedes abasto para mantenerla así, o crees que es necesario un par de ayudantes más?. Tanto Amalio Gómez como Pedro Mejìas coincidieron en que ellos dos eran suficientes para el trabajo de mantener la Plaza en perfecto estado, y así lo hizo saber la Comisión al resto de la Cámara Edilicia; es que Miguel Lorenzo administraba al Municipio como lo hacía con su negocio, se suplía lo que había que suplir, y se evitaban los gastos superfluos e innecesarios. Era tan celoso en no malgastar los recursos del Municipio, que llegó a incomodar a sus compañeros de partido, y se comentaba que no repetiría en la presidencia de la Cámara el año siguiente, lo cual fue cierto pero por otras razones: tumbaron a Gallegos.
Miguel Lorenzo García fue uno de los fundadores del Gavilanes en 1943, y su presidente durante varios años, aprovechó su amistad con el presidente de la República, Rómulo Betancourt, para conseguir la construcción del estadio, porque Miguel Lorenzo era así, no pedía para sí mismo, sino para su comunidad. La muerte le sorprendió antes de culminarse la obra, y fue el propio presidente quien propuso que el estadio se llevase su nombre.