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El Padre Mariano Marianchich
Un Misionero Croata; guatireño de corazón
Luis Martus
 
Artículo.-
      Misionero, llegado del viejo continente, su imagen irradiaba suma fortaleza, tanto física como espiritual. Color blanco, cabello hirsuto, desordenada barba; botas recias y sotana vino tinto. De hablar fuerte y un castellano un tanto difícil. Croata de nacimiento, venezolano de corazón.

    
El Padre Mariano Marianchich arribó a Guatire a finales de los años cuarenta. De su talento, su corazón y su verbo, supimos del Cristo como el gran maestro que la historia registra: guía de la bondad, del amor y la belleza. Y supimos de Dios por el Cristo... y supimos de Cristo por boca de este preciado sacerdote que es esencia y presencia en este misionero. ¿Quién hace una noche estrellada... y pinta las flores y los pájaros de vivos colores?, y seguía: ¿Quien da música a los arroyos y hace vagar las nubes por el cielo? ¿Quién tiñe de rojo el ocaso y dora el maíz en los campos? recitaba Mariano. Vino a eso, a predicar la palabra del ser supremo, a hacernos pensar, puesto que Dios nos ha dado esa particular aptitud... y para hacernos sentir: En el pensar, en el sentir, está la presencia del ser inteligente, del Homo Sapiens. Y sudando por las calles del pueblo, dando aliento al pobre y esparciendo luces por doquier, fue peregrino en su incansable trajinar y en ese andar pausado, pero seguro, fue por: todas partes, por cada rincón, enseñando a los hombres el verdadero camino de la vida. 

Acuciosa y productiva labor investigativa

    
Como dato e información para la historia quiero relatar que nuestro prelado hizo acuciosa y productiva labor investigativa, poniendo al descubierto un suceso que es un hito dentro del contexto histórico guatireño. Como fruto de su desvelo, hoy, sabemos que en el año 1686 el Valle de Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, jurisdicción de la ciudad de Santiago de León de Caracas, recibió a un ilustre visitante de la época: el Obispo Diego de Baños y Sotomayor, Obispo de Venezuela y Caracas, hacía la primera Visita Pastoral a este pequeño villorio, ya con características de pueblo formado. De esa visita quedó testimonio de nuestra presencia como entidad. Un acta que nos permite visualizar cómo estaba conformada esta comunidad y... una cifra estimada de sus pobladores.

Con 91 años a cuesta

    
Después de haber hecho apostolado en los valles de Pacairigua y Guatire, siempre en contacto con el Barlovento y con la mar, este hombre, croata de nacimiento y viajero incansable por Palestina, Libia, Siria, Egipto, después de treinta años por estos lares, se encuentra hoy en los hermosos valles del Tuy y posa su corazón y su alma en la bella Santa Lucía, cuna del célebre prócer Francisco Espejo, quien junto a otros notables, conformó el triunvirato que ejerció como Poder Ejecutivo de la Primera República, a partir del 5 de julio de 1811. Y allí, él, incansable, con 91 años a cuesta, sigue su prédica entendible, en figuras extraídas de los quehaceres de la vida. En su sencillo parlamento lo sueño hablando con las aves y de las hierbas del campo, siempre pulsando la realidad vital: sus problemas, sus encantos, sus alegrías, sus dificultades. Por eso, como dijo el apóstol Pedro: "Sentémonos a sus pies y con los que están oyendo al pie de la montaña, escuchemos nosotros también. Este venerable, venido allende los mares, ha tenido vida agitada pero completa y pudiera decir como Jesús: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe". De hecho, ese es mi legado, es el testamento que dejo a los hombres de buena voluntad". 

     Dice Bronowsky: "El animal deja vestigios de su pasado, de lo que fue. El hombre deja vestigios de su creación"

 

 


 
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