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Un recuerdo
Para Juan José Abreu
Jesús María Sánchez
 
Artículo.-
     “La verdad fue mi Dios; mi Dogma, el Derecho; la Ley, mi Decálogo. Jamás renegué de mi Dios, ni dudé de mi Dogma, ni quebranté a sabiendas prescripción alguna de mi Decálogo. Y cuando la fuerza quiso que llamase verdad a la mentira y que cubriese infame farsa con el manto de la ley, seguí las inspiraciones del honor y el deber y quedaron incólumes mi fe y mi decoro. Por eso me han castigado”

    
Al abrir las páginas del Boletín de la Academia de la Lengua, correspondiente a la española de nuestro país, de los meses enero-diciembre de 1975, números 135 y 136, conseguimos una serie de informaciones que nos permitieron hilar estas notas sobre el ilustre jurista mirandino Juan José Abreu, quien nació en San Diego de los Altos el 1 de abril de 1875.

Académico de la Lengua

    
Juan José Abreu supo conjugar el ejercicio de la jurisprudencia con el de las letras; fue elevado a Académico de la Lengua el 24 de noviembre de 1927, y desde 1933 hasta 1940, asumió la Dirección de esa prestigiosa institución. Durante el desempeño de sus funciones como Director de la Academia, puso todo su empeño en hacer realidad la publicación del Boletín y del concurso Literario Andrés Bello; su preocupación por divulgar aspectos relacionados con los valores del pensamiento  nacional, lo llevaron a escribir documentadas páginas sobre Andrés Bello, Cecilio Acosta y Manuel Díaz Rodríguez, entre otros. Cuando los restos de Cecilio Acosta fueron trasladados al Panteón Nacional, el doctor Abreu fue designado para pronunciar el discurso correspondiente, señalando en su pieza oratoria, entre otros conceptos, lo siguiente: “… Libertador. Regocíjate porque llega alguien muy digno de ti. Sombras veneradas de nuestros grandes, de pie para la bienvenida al nuevo compañero; lo merece; vedlo. Todo él es nieve y luz, amor y verdad, pureza e inteligencia, sabiduría y caridad, genio y poesía. Estudió el pasado y previó el futuro; de aquel sacó enseñanzas para éste; juzgó hombres y analizó hechos; claridad de luz meridiana en su pensamiento y cultivadora suavidad de aurora en su verbo; sabio, santo y esteta fue ese hombre”. Juan José Abreu falleció en Caracas el 10 de marzo de 1950, triste momento que llevó a decir al también académico Santos Dominici que: “Ninguna imposición lo doblegó; ninguna amenaza lo amedrentó; guiábalo en todo la conciencia del deber”. A Juan José Abreu lo guiaban principios morales muy sólidos, lo que le llevó a escribir, el 01/04/1909, cuando se encontraba preso en la tétrica cárcel de La Rotunda: “La verdad fue mi Dios; mi Dogma, el Derecho; la Ley, mi Decálogo. Jamás renegué de mi Dios, ni dudé de mi Dogma, ni quebranté a sabiendas prescripción alguna de mi Decálogo. Y cuando la fuerza quiso que llamase verdad a la mentira y que cubriese infame farsa  con el manto de la ley, seguí las inspiraciones del honor y el deber y quedaron incólumes mi fe y mi decoro. Por eso me han castigado”.

Juez del Crimen

    
El filólogo y ensayista José Ayala dejó la siguiente pincelada sobre el significado de Juan José Abreu en el quehacer jurídico y social de Venezuela: “Abreu era de carácter firme sin presunción, constante sin arrogancia, fuerte sin ostentación, inflexible bajo la suavidad de su esmerada cultura y su don de gentes; tentados nos hallamos a proponerle como ejemplo, porque la práctica de las virtudes civiles es prenda segura de felicidad social: y el carácter es el fundamento de aquellas virtudes. ¡Felices las Repúblicas que tienen hombres de carácter, las academias que lo reciben sen su seno”.El destacado estudioso de nuestra lengua, reverendo Pedro Bartola, en pieza leída en el acto organizado con motivo de conmemorarse el centenario del nacimiento de Juan José Abreu, señalaba: “Recuérdese que el doctor Abreu, como Juez del Crimen, condenó a prisión a Eustoquio Gómez, quien había asesinado al gobernador de Caracas, el doctor Luis Mata Illas. La Corte Superior, complaciente con el presidente Juan Vicente Gómez (primo de Eustoquio), revocó la sentencia. En este dictamen salvó su voto el doctor Oscar García Uslar. Eustoquio Gómez, puesto en libertad, fue nombrado jefe del castillo de San Carlos. Y el doctor Juan José Abreu fue encarcelado en La Rotunda donde le pusieron un par de grillos en los pies”. El historiador Francisco Herrera Luque en su obra En la casa del pez que escupe el agua, al hacer referencia al sonado juicio escribe: “La Alta Corte, al revisar el proceso de Eustaquio Gómez, lo encontró inocente y recomendó su absolución. Pero la sentencia despertó la indignación del juez Juan José Abreu, quien la voceó y publicó a los cuatro vientos: _Eustaquio Gómez es un asesino y los que lo han absuelto unos vagabundos. Yo no me vendo, ni temo, ni firmo-

Propuso el voto femenino

    
Las páginas del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, nos dicen que Juan José Abreu se desempeño con tino como jurista y político. Ingresó a la Escuela Episcopal donde inició estudios de sacerdocio; no llega a ordenarse y pasa a estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, donde obtiene el grado de doctor en Ciencias Políticas en 1903. Ingresa luego a la magistratura como Fiscal del Ministerio Público en el Distrito Federal, segundo suplente del Juez de Primera Instancia en lo Civil y Juez del Crimen (1907-1909). A tal efecto se encargó en enero de este último año, de revisar la sentencia que condenaba al general Eustoquio Gómez a 15 años de presidio por el asesinato del gobernador del Distrito Federal Luis Mata Illas, ocurrido en enero de 1907; la encuentra conforme, actitud que le vale el ser apresado. En 1936, ya desaparecida la dictadura, es nombrado Procurador General de la Nación, cargo que ejerce hasta el 19 de abril de 1941, dirigiendo desde esta altísima responsabilidad los juicios por peculado que se le siguieron a los funcionarios gomecistas. En 1942 se desempeña como Concejal por la Parroquia Catedral de Caracas y Senador principal por el estado Miranda. En el desempeño de sus funciones legislativas propuso el voto femenino, la incompatibilidad de las funciones legislativas y ejecutivas y los honores al Panteón Nacional para José de Austria, escritor, historiador y oficial del ejército de Venezuela en la Independencia y para el destacado pintor mirandino Cristóbal Rojas.
 
Juan José Abreu
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