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Poeta
Amelia... mujer poeta
Rachel Citty Pittol
 
Artículo.-

     Amelia Pittol Carlín, mujer de fina sensibilidad y alma de poeta, nació en Araira -otrora Colonia Bolívar- el 3 de febrero de 1909, en el seno de una honorable familia. Sus padres, Víctor Pittol Zanella y Raquel Carlín Bristtot, emigrantes belluneses, gente honesta, laboriosa y creyente, con acendradas costumbres que marcan su diario vivir. Amelia, forma parte de la primera generación nacida en Venezuela.

     Parte de su infancia transcurre en la vecina población de Guatire, en el hogar de una tía. Es enviada a la escuela en donde recibe una educación formal, que viene a ampliar los rudimentos de castellano y matemática que recibiera en su hogar. Allí establece vínculos de amistad que le habrían de durar toda la vida. Ese mundo de libros, apenas vislumbrado, ejerció sobre ella gran influencia... la pasión por las letras no le abandonó jamás.

     La enfermedad y posterior muerte de su progenitor marcan el regreso al hogar paterno; corría el año de 1922 y es Amelia una asustadiza y delicada adolescente. Poco acostumbrada a la ruda vida del campo, sin embargo asume con diligencia las tareas que le encomiendan; comparte con su madre y hermanas las labores de la casa... Pero es por las noches, después del rezo del Santo Rosario y a la luz de una vela, que deja volar su imaginación y vuelca sobre el papel todo ese caudal poético que mora en su alma. Los motivos más sencillos son para ella poesía.

     La naturaleza la inspira:

     Allí un bucare se levanta erguido

     y en la punta caprichosa de sus gajos,

     le sostiene a dos amantes arrendajos,

     el tesoro precioso de su nido.

     Su hogar también:

     Pobre, ennegrecida, sobre amarillo suelo

     y con humilde aspecto que me encanta,

     mi casa solariega se levanta

     construida por las manos de mi abuelo.

     Y refiriéndose a sí misma:

     Tú no comprendes la angustia que la inquieta;

     está ansiosa de cantar bajo la agreste fronda

     o de tenderse a soñar sobre plateadas ondas.

     ¡Tú no sabes, mi alma... es alma de poeta!

     Fecunda ha sido su producción poética, más se han perdido muchos de sus poemas. Afortunadamente otros, conservados por sus amistades o entre las páginas de sus libros, han llegado hasta nosotros. Periódicos y revistas de la región han publicado parte de su obra. Amelia era invitada de honor en las veladas culturales de su pueblo y de las poblaciones circunvecinas. Su dominio de la palabra escrita, su fácil oratoria le hacían destacar, quienes la conocían admiraban en ella no tan solo a la poeta, sino también a la mujer bella e inteligente.

     Sus principios religiosos la llevan a ingresar en la Sociedad de Nuestra Señora del Carmen, alcanzando la presidencia de la misma. Colaboró activamente para la construcción del templo de Araira en honor de su patrona. Ejerció el cargo de secretaria de la prefectura y para el año 1945 es nombrada Prefecto de Araira, cargo que desempeñó con la honestidad y responsabilidad que la caracterizaban. Renuncia a su trabajo para atender a su señora madre, quien se encuentra confinada en una silla de ruedas, le atiende con solicitud. Sus escasos momentos de solaz los dedica a la lectura y al cuidado de su jardín, en él destacan las exóticas orquídeas, para cuyo cultivo Amelia poseía una muy especial habilidad. Al morir su madre se traslada a la finca "San Pablo", propiedad de su hermana María de Jesús (Chucha), allí, retirada de la vida social, se entrega con más ahínco al cultivo de las orquídeas, no con fines comerciales sino como un hobby que embellece su entorno.

     Poco después de cumplir los 70 años, se ve aquejada de arteriosclerosis, enfermedad que lentamente fue minando en ella su salud física y quebrantando su salud mental. Los dos últimos años de su vida transcurren en su casa natal, el fundo "Las Raqueles". En compañía de su hermana Angelina y de la familia de ésta, van discurriendo las horas y los días en un letargo tranquilo hasta su deceso en horas de la madrugada del 1 de Julio de 1984.

     Amelia buscó siempre la verdad. Hoy la ha encontrado.

     Está la verdad, yo la he visto

     alzarse majestuosa allá en el templo,

     veo a Dios y la Verdad contemplo...

     ¡No hay más bella verdad que Jesucristo!

     Pedazo de tierra virgen

     ¡Pedazo de tierra virgen, prometedora, bendita,

     cómo te agosta la pena!

     ¡Cómo cubre la maraña tu morena

     faz entristecida,

     que delata la amargura que gravita

     en tu seno sin dar vida!

     Parece que tienes alma y que sintieras

     lo inútil de tu vivir,

     sin producir...

     Te da aspecto de ruina, el bejuco espinoso y opresor.

     Te secas de angustia en las largas esperas

     de un labriego diligente que te mire con amor.

     Pedazo de tierra buena, tú nunca has sentido

     el peso vigoroso del arado,

     en dulce desgarrón acallado,

     removiendo tu corazón;

     ni conoce tu entraña el supremo latido

     del grano en gestación.

     ¡Pedazo de tierra sin sonrisa de surco, tierra bendita,

     cómo comprendo tu pena,

     mirando tu faz morena,

     sin la caricia del riego!

     ¡Pedazo de tierra virgen que entre marañas dormitas

     esperando una mano compasiva de labriego!

     "Ecos de Araira", 17 de julio de 1942

     Mi alma

     Mi alma es como un ave. Su destino es volar.

     Tú eres como un ovillo de hilo disgregado,

     en cuyas hebras sus alas has apresado

    y así prisionera no cesa de aletear.

     Desátala para que vuele hasta el confín del cielo,

     aunque incauta se engañe con el azul miraje;

     déjala que se embriague de luz y de paisaje,

     aunque retorne llorando de su vuelo.

     Ella es un ave que le place girar loca

     en torno del dolor, del ensueño y la belleza;

     déjala si se hiela sintiendo su tristeza,

     déjala si salta hecha risas por mi boca.

     Tú no comprendes la angustia que la inquieta;

     está ansiosa de cantar bajo la agreste fronda

     o de tenderse a soñar sobre plateadas ondas.

      Tú no sabes, mi alma... es alma de poeta.

 
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