Hace ochenta y seis años nace, para ventura de las letras regionales y nacionales, el ilustre poeta guatireño Rafael Borges. Escribimos estas breves notas biográficas para celebrar todos los años de su luz, congraciándonos con esta fecha aniversaria de su existencia, pensándolo cómo se nos apareció la primera vez que lo vimos, impertérrito y elegante, surcando las calles de su querido pueblo, entre sueños, como un velero hacía los horizontes. Un ser translúcido, con la transparencia de los grandes espíritus, entre un aura blanquecina alumbrando su frente, cual una gran luciérnaga nocturna, venciendo y anulando la sombra.
Bajo el cálido sol de Guatire, en la segunda década del XX, sazonado el paisaje pueblerino, con la alegría de los vientos de paz ya insinuados, que se respiraba por la extinción de las guerras intestinas y de los caudillos nacionales y menores; con la esperanza de las generaciones en ciernes de participar en las distintas manifestaciones del ser nacional, en provecho de su formación y del progreso de la patria, traducido esto, en educación, trabajo y familia, esperando hacerlo en un clima de libertades políticas, (las cuales se veían lejos), entre las resonancias de la música que ya tenían serios y definidos caminos, especialmente en su padre Rafael Vicente Borges, músico que tocaba el bombardino y en la figura cimera, del maestro Vicente Emilio Sojo, ya enrumbado hacía metas mayores de la música. En ese panorama del pueblo de la Santa Cruz de Pacairigua, nace el 24 de Octubre de 1916, Rafael Servando Borges Pellicer. Ese día, en el sector Macaira, como escribe José Manuel Milano Matas en su excelente ensayo sobre el bardo, titulado. Rafael Borges. Vida y Obra: "Empezaron a danzar las poncheras de peltre con pañitos de agua hervida [...] la lluvia caía tenuemente coqueteando con las hojas de granados, amanecía y había nacido un poeta" (Pág. 17) . Sencilla y bella imagen para celebrar una bienvenida.
Rafael Borges, crece en una época de carencias y atrasos, en un pueblo provinciano, como todos los demás, de poca educación y con alto índice de analfabetismo, donde el negro y el mestizo, sus mescolanzas diversas, eran predominantes. Fincas, fundos y las haciendas, en su mayoría, pertenecían a los descendientes de mantuanos, que desde los orígenes explotaban sus fértiles tierras, primero con el sudor de los indígenas que poblaban estas tierras y luego con la de los negros, traídos del suelo africano. Pero que ahora, después de la Independencia y La Guerra Federal, en estos años del XX, otro perfil social predominaba. De la manumisión se pasó a contar con libertades, ciertas libertades, tocándole al mestizo el lado más duro y pobre "... el trabajo en el campo y los cuentos de atardecer en el patio contados por la abuela. Para el poeta no hubo excepción, Guatire pueblo sin origen claro, forjado de la explotación colonial, tierra de cuarterones, donde contrastaban las haciendas de blancos mantuanos de figura cortesana con la verde cabellera del valle, poblada por puntos negros de blancas sonrisas, acanelados torsos y recios labriegos mestizos, sólo dio a Borges, su cielo azul como techumbre, sus verdes campos como lecho y su puro y fresco aire como sustento". Cito a José M. Milano M. (Pág. 18.)
Es en este teatro de circunstancias, donde crece y empieza a forjarse, capeando las vicisitudes de la vida, la personalidad del poeta. Después de trabajar en haciendas y otros quehaceres. Ya emprendida su educación primaria, opta por irse a vivir a Caracas y en esta ciudad, también trabaja, alojado en la casa del compositor Don Antonio Machado comparte sus primeras luces poéticas y musicales, siendo después autor de las letras de varias canciones de este compositor. Todo fue un esfuerzo y un gran logro autodidáctico, mas el talento innato del poeta y su fina inmanencia en la palabra. Entonces nació para ser poeta, un gran poeta, como lo califica su amigo el eminente vate oriental Héctor Guillermo Villalobos, expresándose así:
"Poeta claro, nativista, rico en vivencias entrañables, Borges inicia con buen pie la ascensión, siempre para los auténticos, tan llenos de trabajos y fatigas".
Su poesía es un permanente canto hacía los umbrales de su pueblo, y las vivencias psicológicas de su personalidad, las aprehensiones del ser, las melancolías de su entorno, y las añoranzas del tiempo desandado. Las peculiaridades inmanentes de su poética y su empeño de asir en la distancia, el dilema del tiempo y del espacio, recobrar la infancia y poderla tocar.
Reviso la jornada entre el pasado
y la distancia que el silencio mide
sobre hechos del espacio andado.
¡ Ay... La añoranza!, al descorrer el velo
para sentirla inmensa entre la mano
Y alzar la frente al desglosar el vuelo.
El pueblo nuevo, entre su albor lozano
recoge y guarda del ayer un verso
donde se es joven, aunque estando anciano
Surge la estampa en su esplendor diverso
Con el sabor del tiempo atado al caso,
y una historia de luz en el reverso.
(Fragmentos del poema El Pueblo de mi Infancia en el Recuerdo, publicado en 1967)