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El debate de los medios
Editorial
Tere-Tere
 
Artículo.-

     No es secreto a estas alturas el terrible cuestionamiento que ha caído sobre los medios de comunicación social, a raíz de los acontecimientos políticos que han sacudido al país en estos días. Ese debate no deja de formar parte de Tere Tere que de forma abierta y pública se ha declarado independiente y alternativo, centrando su prioridad informativa en la necesidad de dar a conocer a nuestros lectores las “buenas noticias” que por lo general la gran red de medios regionales y nacionales desechan porque no son del interés masivo, o no generan dividendos.

      Sin embargo, el asunto de los medios en estos días, sobre todo la televisión, la radio y la prensa escrita, pasa por la discusión de su accionar ético frente a los acontecimientos públicos. Es allí donde debe enfatizarse una discusión que no debe acabar hasta que finalmente la responsabilidad social de la comunicación sea asumida “nuevamente” en su exacta magnitud, pues no puede ser que los canales de televisión, por citar un ejemplo, muestren evidente parcialidad por un bando político mientras ese público cautivo que ataca a diario con una programación insulsa e irresponsable, de enlatados alienantes y contenidos que afectan al niño y al adolescente, permanece en una penumbra informativa esperando que esos canales cumplan con una obligación, contenida en leyes como un derecho básico de las sociedades democráticas, tal cual lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos y obviamente, nuestra Constitución Bolivariana.

     Gabriel García Márquez dijo hace algunos años que el mundo de la información debía plantearse a través de un gran debate, cambios profundos en su ética, en su estética y en su práctica, porque así lo exige el público. No obstante, en estos confusos y convulsos días de golpe y contragolpe, quedó evidenciado que en lo alternativo está la clave ya que fue a través de la Internet, la televisión por cable, y hasta los mismos celulares (los que no tumbaron su señal) que los hombres y mujeres de esta Venezuela del siglo XXI pudo buscar la verdad, siempre tan etérea, siempre tan manipulable.     Pensando en un proceso cultural armónico, donde no sólo se produzcan eventos y se desarrollen las manifestaciones propias de la idiosincrasia de un pueblo, sino que además se proyecten objetivos comunes que permitan el fortalecimiento de una comunidad activa y partícipe de los cambios que sufre el país, proponemos el encuentro y el debate como modo de ensamblar el discurso y la acción.

     Queremos, y para ello está Tere Tere como canal, un diálogo metódico, sensible, coherente, como inicio de un entendimiento que nos permita reconocernos y plantearnos propuestas novedosas.

     Seguramente sufrimos los mismos males de sensibilidad, ustedes nuestros amables lectores y nosotros; esto es un lugar común para la gente que se alimenta bajo cualquier circunstancia, de las distintas manifestaciones universales de la creación humana. Por eso, el intercambio es necesario y la posibilidad de asumir una respuesta colectiva, una opción muy válida.
La oportunidad está dada. El mundo, el país, el milenio naciente, están tratando de salir de las viejas rémoras estructurales que se han vuelto paradigmas, para dar paso a un nuevo tinglado, más cercano a los ideales de una humanidad universal (que no global, diría Luis Leal).

     Aquí estamos nosotros, en medio de un inmenso engranaje, pero no como convidados de piedra. Siempre que estemos dispuestos, podemos ser protagonistas del cambio. El año, 2001, no puede ser solo la antesala. Tiene que convertirse, es una necesidad, en la brecha que marque un fin y un principio.

     Por todo lo anterior, decimos que aquí estamos y mucho nos importa el cambio físico de nuestro entorno; las estadísticas que hablan de una tasa de crecimiento que supera el promedio nacional y latinoamericano; los rostros indiferentes que deambulan por los centros comerciales buscando pertenecer a algo, al menos a una masa anodina que se refiere a Guarenas y a Guatire como el sitio de residencia de donde se sale muy temprano y se llega bien tarde, cansado y asqueado de la rutina.
 
     En esta nueva etapa de nuestro "periodiquito", ahora de aparición mensual, vamos a intentar plantear guías, no rectoras, pero al menos referenciales, para revelar de una vez por todas las riquezas de este reducto habitacional, que aunque algunos no crean, tiene mucha historia y dignidad, ofertas, maravillas, naturaleza, gente, y un largo etcétera.

     Guarenas, con sus 380 años; febrero con su espiral de violencia y pasión, y la vida misma, son perfectas excusas para hurgar en los rincones de la memoria colectiva; para que no se diga que no queremos ser guareneros, guatireños, araireños y en última instancia, venezolanos; para que se sepa que aunque en el ojo del huracán, estos valles saben de flores en el cemento. Amén.

 
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