Araira es un pueblo lleno de encantos e historia. La mayoría de sus pobladores somos descendientes de aquellos colonos italianos y franceses que llegaron a estas tierras en el siglo XIX. Es por eso que siempre me he sentido orgullosa no solo de haber nacido, haberme criado y seguir criando a mis hijos aquí, sino porque es uno de los pueblos más acogedores y tranquilos que, me atrevería a asegurar, tiene el estado Miranda.
La Cenicienta de Zamora
Este pueblo de herencia mestiza ha sido, sin embargo, la cenicienta de la mayoría de los gobernantes. Aún así, cuando su gente se propone algo lo consigue: es que llevamos el coraje y el empuje de nuestros antepasados en la sangre. Nuestro pueblo podría ser uno de los más pujantes en cuanto a turismo se refiere, un turismo centrado, guiado por conocedores de la materia que nos den la mano en rescatar nuestro ambiente, nuestros hermosos paisajes y ríos, para darles un uso adecuado y para que no se deterioren cada día más. Son pocas las personas, por ejemplo, que conocen las Cuevas de Salmerón, de una belleza espectacular; o que nuestros ríos tienen cascadas y saltos que dejarían sin habla a cualquier turista europeo. Es por esto y mucho más que hoy llamo la atención de quienes leen mis líneas para que tengamos conciencia y valoremos lo que tenemos a nuestro alrededor.
En los últimos años se han cedido terrenos a la gente sin la debida visión de lo que debería ser una sana y responsable planificación urbana. Nos han ido cercando de barriadas que se han multiplicado, por lo que de aquellas verdes montañas que nos rodeaban, hoy lo que nos rodea son montañas de ranchos.
Me considero afortunada, junto a muchos vecinos y amigos, porque tengo una vista excelente de uno de los pocos pulmones naturales que nos quedan, como lo es el cerro Calicanto. Este bordea nuestros estadios de fútbol, béisbol, la escuela Ceniza y al liceo Femando Paz Castillo. Además, esta zona es tomada cada tarde por deportistas para correr, trotar o simplemente para quienes caminamos para liberar el stress del día, ya que debido a su tranquilidad, el lugar es cómplice perfecto para estas actividades.
El Peligro
Calicanto tiene pobladores por todos conocidos; gente que tiene pequeñas parcelas, trabajan en la calle y tienen la fortuna de vivir aquí. Pero de la noche a la mañana hemos visto con sorpresa y dolor que el cerro fue atravesado por una carretera “agrícola”, cometiéndose un atroz ecocidio sin que hasta ahora se nos diga por qué, quién, ni con qué interés se hizo la misma. Lo cierto es que el daño ambiental ya está hecho contra uno de los pocos pulmones naturales que nos quedan, sin que hasta ahora se nos de respuesta de cuál es la finalidad de esa vía. El MARN desconoce quién autorizó dicha carretera, por lo que todo esto se presta a suspicacias, ya que para nadie es un secreto que las invasiones están a la orden del día. Ya tenemos antecedentes como lo sucedido en los terrenos de la conocida quebrada de San Pablo, que fue invadida de un día para otro por gente que ni siquiera es del pueblo, siendo hoy por hoy uno de los problemas sociales mas graves que enfrenta nuestra parroquia, ya que además la contaminación del río es evidente, debido a que este barrio no cuenta con cloacas ni otros servicios.
La Lucha
Amablemente el concejal Carlos Espinoza, de la Comisión de Ambiente de la Cámara Municipal, se ha puesto a la orden para averiguar qué se pretende con todo esto y para de alguna manera tratar de frenar lo que mañana podría ser un nuevo barrio. Algunos vecinos nos hemos organizado en lo que hemos autodenominado “Defensores de Calicanto” y gracias a las diligencias de este grupo y con la ayuda del presidente de la Junta Parroquial Femando Yánez y otros miembros de las mismas se hizo un censo en la zona para saber la cantidad real de parceleros en la misma pero, para mi sorpresa y la de todos, hay 34 supuestos parceleros, lo que me dice que no sería extraño que un día de estos al despertar voy a ver, muy a mi pesar y el de toda la comunidad, 34 ranchos en nuestro pulmón natural y que la depredación del ambiente será evidente; por lo que Calicanto perdería su encanto.
Preservar es la meta
Araira no desea menospreciar a nadie, como se ha hecho creer a estos parceleros, a quienes se les ha dicho (a los que tienen años viviendo allí y que el pueblo conoce y sabe quienes son) que queremos desalojarlos, cuando lo que queremos tanto para beneficio de ellos y el nuestro es que se nos garantice que en la zona no habrá más invasiones y que la misma quedara intacta para que no sea destruida una de nuestras fuentes de vida, nuestro pulmón vegetal, el cual queremos conservar intacto para generaciones futuras.
Araira, mi pueblo, esta orgulloso de su historia; hagámosle un homenaje a esa gente que vino de tierras lejanas a formar nuestra amada colonia, defendiéndola y vamos pensando, y se los dejo a manera de reflexión, en crear un proyecto que declare a Araira Patrimonio Cultural del Estado, haciendo un estudio de planificación urbana que no deteriore nuestra principal riqueza: que somos un pueblo bello, tranquilo y soñador.