El cementerio municipal de Guatire está sumido en el olvido de las autoridades municipales a quienes les compete; mientras, la insalubridad y la inseguridad tanto para los vivos como para los muertos se adueña del lugar.
El último destino terrenal reservado para los cuerpos, continúa recibiendo ocupantes, a pesar de que ya no hay espacio para un difunto más. Los vecinos miran en un ambiente de tristeza, a pleno sol, a quienes con el ataúd a cuestas, y sudorosos por el esfuerzo que exigen los caminos intrincados, llevan al sepulcro a quién corresponda en ese tiempo.
Luego, los ver salir apurados y sin dispersarse, dejando el entierro a medias, se volvió cotidiano, tras el nerviosismo de ser asaltados por quienes sin escrúpulo alguno, a distancia esperan su turno para actuar.
Aunque parezca ficción, es la realidad que se vive en el cementerio municipal de la ciudad de Guatire, ubicado en las inmediaciones del sector 23 de Enero. Su vista refleja una imagen que es totalmente contraria a la del Cementerio Parque Ciudad Fajardo, creado en el sector El Rodeo, para asumir la demanda de nuevas parcelas, en el municipio.
De su fundación no hay registro, el cronista oficial del municipio Zamora, Prof. Luís Martus, indicó que: “…la fecha de la fundación del cementerio municipal es tan difusa como la del nacimiento de Guatire, yo recuerdo haber visto allí tumbas del año 1800 y pico…”.
Cementerio en manos del hampa y los paleros
Visitar la tumba de los familiares en el cementerio municipal de Guatire se convirtió desde hace más de una década en una peligrosa travesía. Está prohibido acceder al cementerio en solitario, y aun acompañados deben estar guiados por alguno de los hombres que en la entrada del cementerio, sentados en los restos de un viejo ataúd junto a su botella de ron, esperan que un entierro llegue para ganarse unos bolívares haciendo las labores de servicio de enterramiento. Sin ser nombrados, más que por ellos mismos, advierten a algún solitario que insista, los riesgos que van desde el robo hasta la muerte en caso de resistirse.
En el cementerio no hay vigilancia ni servicios administrativos que controlen el número de los entierros, en su defecto el Sr. Antonio González lleva, por cuenta propia, un cuaderno en el que registra fecha, nombre y día de los fallecidos desde julio de 2005, siendo este el único soporte de lo que allí sucede.
A los llamados paleros, es a quienes los vecinos les adjudican la profanación de las tumbas; hacia donde se mire se alcanza a ver las fosas abiertas y los ataúdes al aire libre, acompañados del putrefacto olor de la descomposición, lo cual representa un riesgo de salud para el que se aventure a entrar.
“a mi hijo se lo llevaron hace 3 años, el tenía 10 años muerto. Dejaron una estrella blanca dibujada dentro de un círculo en el piso, con restos de velas, y en el ataúd una media y el cabello de mi muchacho. Nosotros denunciamos en la PTJ, pero no pasó de ahí. Pensamos que fueron los paleros, pues ellos son los que trabajan con huesos humanos” expresó la Sra. Ana Frías vecina del sector 23 de enero.
Ya no entierran bajo la tierra
Luego de adentrarse unos 20 metros te pierdes de vista entre la maleza y las sepulcros que como edificios, tienen hasta tres difuntos sobre el nivel del suelo, y unos tres más bajo tierra; los vecinos deben pasar sobre los sepulcros para llegar hasta el lugar donde este enterrado su familiar.
Los terrenos no están numerados ni distribuidos de forma organizada, cada dueño pone orden en su parcela de acuerdo a sus necesidades.
Autoridades desconocen estado del cementerio
La encargada del departamento de registro civil en el área de defunciones, Marvin Rivas, es quien registra los fallecimientos y enterramientos del municipio, y tiene en su custodio los archivos en físico de los ocurridos desde el año 1892, “…estos archivos no están contabilizados, aquí se hacen los registros de defunción y se dan los permisos de los entierros, pero estos no se clasifican por cementerio, acá no sabemos si el fallecido va para el Cementerio Parque Ciudad Fajardo, para el Cementerio Municipal o para algún otro fuera del municipio…” expresó.
Fallecimientos registrados en el Municipio en los últimos 3 años
Los fallecimientos se registran por jurisdicción (en la ciudad donde la persona haya muerto); y el permiso de enterramiento se otorga en la ciudad donde se vaya a hacer la sepultura, sin embargo, cuando la oficina de registros de defunciónes hace este permiso, no agrega en ningún renglón para qué cementerio del municipio va el cadáver. Por lo tanto, el número de entierros ocurridos en el cementerio municipal corresponde a la destreza de un buen calculista, más la suma del registro llevado en los últimos 3 años por el Sr. Antonio González en el cementerio. Aproximadamente 1800 enterramientos tuvieron lugar entre julio de 2005 y noviembre de 2007, según datos llevados por el Sr. Antonio González en la entrada del cementerio.
Una promesa surge
El director de servicios generales y la directora de sindicatura municipal del municipio Zamora, Eduardo Aranguren y Ambar Longares, luego de acceder por primera vez a las instalaciones del cementerio municipal, el jueves 06 de noviembre, expresaron la idea de generar una jornada de desmalezamiento y saneamiento del mismo.
Un vestigio arquitectónico de gran antigüedad en el olvido
Basta con darse un recorrido por las instalaciones del cementerio para compartir la impresión de que está sumergido en el olvido, y a pesar del deseo que algunos familiares tienen de acceder al lugar para llevar flores y hacerle mantenimiento a sus parcelas, la inseguridad que reina en el lugar dificulta sus acciones.
Una labor conjunta entre las autoridades municipales, los organismos de seguridad y los vecinos, representa una salida para rescatar este cementerio, que simboliza un vestigio arquitectónico de la cuidad, con una antigüedad de casi o más de dos siglos.