El hecho
Gran polémica ha surgido en el Municipio Zamora por la ornamentación con los colores del pabellón patrio, incluidas sus estrellas, de las escaleras que ascienden al sector El Calvario; al parecer, este municipio a través de su oficina de Obras Públicas, en su afán de retomar el ornato de la ciudad como parte de su “política ambientalista”, optó por permitir a la brigada muralista estampar en la ancha curva de la inclinada escalera, la Bandera Nacional. Para ello se valieron de la técnica de perspectiva horizontal, la cual ofrece una visión de globalidad ficticia mediante el cerramiento visual, o sea, pintaron muchos pedacitos separados, que de lejos parece un todo pero de cerca no lo es. De verdad un excelente trabajo técnico y artístico que ha originado empatía, antipatía y apatía en muchos sectores de la población. Está claro que estos artistas no consultaron a los expertos en historia bolivariana, pero ¿realmente debían hacerlo?
Las reacciones
Magdalena, la amable señora habitante de El Calvario, está feliz con su bandera, dice que no es verdad que se pisa, pues, esta no está en el piso sino en los verticales de la escalera, y allí la dejamos, en una acalorada discusión con su hijo que echaba chispas por tal ofensa al símbolo patrio. El pintor y docente Néstor Ibarra, reconoce haberse molestado al ver a lo lejos la obra; pero luego de ir a su casa, regresó bajando por El Calvario y nunca vio la bandera, al terminar de bajar, mágicamente apareció ante su vista. Reflexiona y dice “estos muchachos me echaron una broma”. Mientras que muchos residentes itinerantes no se enteraron de la diatriba, el profesor Cordero elevó su cívica protesta ante la municipalidad por lo que considera un irrespeto a tan importante símbolo patrio, alegando que “digan lo que digan, pasarle por encima a la bandera, es como hacerlo con su propia madre”. Por otro lado, al poeta Borges, más allá de lo técnico y legal, no le parece positivo el hecho de que se perciba que “la bandera está en el piso; aunque no lo esté”.
Con cobardía también se pisa la bandera
El Alcalde dice reconocer que hay descontento por el hecho en algunos sectores de la población y que esto le parece legítimo, pero, a su vez acota que “hay otras tendencias a descalificar y destruir con comentarios malsanos”; aprecia la crítica constructiva y alude que la bandera es para sentirla y muchos de los generadores de polémicas no han demostrado con sus actos ese respeto que hoy profesan. “Si hay que cambiarla se cambia” subrayó. Dijo que agradecería las críticas constructivas y no destructivas. Lástima que todas estas palabras se hallan dispersado en el ligero vuelo, fugaz e irresponsable, ante el primer olor a pólvora en el reciente golpe de Estado el 11 de abril de 2002.
El miércoles de Semana Santa observamos que al momento en que algunos integrantes de las sociedades religiosas bajaban de El Calvario, fueron agredidos por un beodo que increpando a sus progenitoras los empujaba diciéndoles “no pisen mi bandera”. El hecho de encontrarse borracho un día santo en plena plaza, decir groserías y agredir a los demás, ¿le hacia más respetuoso de la patria que sus víctimas inocentes? Es natural que la Academia de la Historia Municipal y la Sociedad Bolivariana Municipal no hayan emitido juicio ante la situación por el simple hecho de no percibirse en la Ley de Banderas y Símbolos Patrios ningún artículo aplicable al hecho, y sin ello cualquier posición sería subjetiva y sin peso referencial oficial.
Se lleva en el alma
La Bandera se lleva en el alma, de lo contrario llevaríamos el alma en la bandera y al ésta ser destruida moriríamos con ella y no por ella. Mientras unos piensan que se pisa, otros sienten que ascienden a través de ella a la gloria de El Calvario, pero ninguno se ha detenido a mirar la descolorida Bandera del Municipio que, a la retaguardia de la estatua de Bolívar, no sabemos si perece mientras cuelga adolorida, o se enarbola airosa ondeante y orgullosa de su estigma. ¿Depende entonces todo de la Ley o de nuestro ánimo moral? Si este último fuere el caso, ni la más rigurosa encuesta nos llevaría a una justa decisión. Nosotros, antes y después, hemos tomado un rayo de la aurora guatireña y secuestrado un reflejo de cielo en lo cristalino de la Churca, en paralelo, proyectamos la gloriosa sangre vertida en la Batalla de El Rodeo, le salpicamos de siete blancas sonrisas de nuestros niños color de tierra y nos hacemos nuestra bandera, eterna y gloriosa, la que no decolora el tiempo, ni pisan los inconscientes, ni manipulan los políticos, ni se escudan en falsa moral los hambreadores de la patria.