Temas principales
 Ecología ::
Versión Imprimible
Arde el Avila
Fuego fundamentalista
Eduardo Parra
 
Artículo.-

     Qué fácil es encontrar culpas en los demás sin revisar las nuestras. Escuchamos cada instante que la destrucción de unas estatuas milenarias por parte de los fundamentalistas talibanes es una locura. Entre tanto, una niebla gris, no muy densa, se cierne sobre el imponente Avila, haciendo del verde oliva que lo caracteriza en época de sequía una especie de sepia nada halagador. La flora, inmóvil, resignadamente espera su destino; la fauna, en cambio, huye con toda la velocidad que puede hacerlo. Los incendios forestales son un verdadero problema, puesto que la función renovadora que deben cumplir en un ecosistema sano, no es tal en nuestros tiempos; mucho menos en nuestras ciudades.

    El Parque Nacional "El Avila" está viviendo el momento más delicado de su historia desde los graves acontecimientos de diciembre de 1999. No se trata esta vez de millones de litros de agua reventando las capas del suelo y arrastrando todo ahora es el efecto opuesto. Una sequía implacable está destruyendo árboles que tardaron años y hasta siglos en desarrollarse, dejando sobre el suelo una capa de humus que, claro, en poco tiempo renovará los nutrientes del piso, pero en realidad a corto plazo las pérdidas de oxígeno superan a las ganancias nutritivas para el suelo.

     Estos incendios se han presentado como parte del ciclo natural de lluvias y sequías, pero en esta ocasión se ha detectado que algunos han sido provocados por la mano humana, y en realidad es difícil comprender las razones de quienes actúan con semejante grado de inconsciencia. ¿Acaso es necesario esgrimir más pruebas de que nuestro planeta se está recalentando? ¿No basta con los clorofluorocarbonos que salen a chorros de las latas de spray, mermando la capa de ozono? ¿Por qué añadir el riesgo de perder vidas humanas combatiendo incendios? No existe quien encuentre respuestas lógicas a estas interrogantes.

     En Guatire y Guarenas, localidades cuyos ecosistemas están deteriorados en altísimo grado a causa del crecimiento demográfico, este crimen es aún mayor, y sin embargo, se sigue atentando contra la posibilidad de tener un ambiente agradable y coherente con la calidad de vida que buscamos y al que tenemos derecho.

     Lo que sí queda claro es que existe una extraña semejanza entre nosotros y los talibanes. Ellos atacaron duramente a unas inmóviles, indefensas estatuas budistas por el simple hecho de pertenecer a una religión ajena, destruyendo un tesoro artístico con más de dos mil años de antigüedad. Nosotros, fundamentalistas del desarrollo y el progreso a ultranza, seguimos atentando diariamente contra una obra aún mayor: el planeta Tierra, que es, ¡ejem...!, un poco más antiguo que las estatuas. Y después hablamos mal de los talibanes.

 
Home    TereTere    ¿Cómo Participar?     Tarifas    Contactenos
©2006 Fundacion Tere Tere - Desarrollado por Repus Tecnología
Políticas de Privacidad y Confidencialidad - Admin