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Hablan los Cronista
Visiones sobre los ríos de Guatire
Luis Martus
 
Artículo.-

     Según el cronista Guido Acuña “en mi pueblo hubo dos ríos. Dos ríos que le nacieron a Guatire y que, en un momento lúcido, trocaron su pluviométrica existencia en cosecha desnuda del huevo letal de la bilharzia. El nombre exótico y de fonética suave contrastaba con el gancho mortífero que se colgaba de los intestinos de las pobres gentes que en Guatire habitaban y en las fuentes de sus dos ríos se bañaban...

DR. RAMÓN ALFONZO BLANCO
    
     Este médico eminente me decía: ‘Mira chico, el doctor Theodor Bilharz, bacteriólogo alemán, realizó investigaciones en Egipto que lo llevaron al descubrimiento del parásito productor de la Esquistosomiasis o Bilharziosis. Se cree chico que por la fuente africana nos vino ese regalo. Después, el sistema de riego completó su luctuosa labor que nos porta el caracolito tan abundante en las aguas remansadas”.

ÁNGEL MARÍA DALÓ
     
     Primer cronista oficial del municipio Zamora, en su libro “Guatire” nos habla del agua como elemento capital de la  higiene de un pueblo. En tiempos remotos los habitantes de Guatire acarreaban el agua de nuestros ríos, el Guatire y el Pacairigua... Se instala el primer acueducto en la novena década del siglo XIX. El agua se tomó de la quebrada de “Agua”,  arroyo que nace en la hacienda Santa Rosa. El agua llegaba hasta la colina de El Calvario y desde allí se distribuía a las calles del poblado... No existían cloacas. Las aguas sucias salían a las calles por medio de albañales... El segundo acueducto lo hizo el Ministerio de Obras Públicas en 1938. La fuente o toma de agua es el río Norte, afluente del Pacairigua. Con la construcción de este acueducto se mejora la higiene de la población”.

GUIDO ACUÑA JR.
    
     Nos relata que La Churca tenía turgencias que no se desvanecen. Prodigaba los mismos encantos que suele entregar la naturaleza, y envolverse en la plenitud primaveral de la zona templada. Sus matices eternizaban el embeleso porque en sus contornos físicos sólo hubo de fijarse una estación para las ensoñaciones y los delirios. En su regazo nacieron poemas, sinfonías, madrigales, canturías y el amor, que es la suma de tanta bienandanza.

CÉSAR GIL GÓMEZ
    
     El cronista nos habla de Rafael Perdomo, colorado como un tomate, que parecía un gallo desplumado. Vivía “Qénguere”, que así lo apodaban, en la calle Páez. Al final de la misma un escabroso barranco. Al fondo abismal. el río Pacairigua, con sus límpidas aguas, puras, cristalinas.  En un recodo un gran pozo, bautizado por el vulgo “El pozo de las catanas”... “Desde maleza, agazapado, muchacho al fin, presencié el arribo de dos hermosas mozuelas, prestas para la inmersión. Eran las niñas, las Catanas, las hijas de Rafael Catana, cuya casa de habitación estaba a escasos metros de la dulce corriente. En traje vaporoso, en dormilona casi,  lucían radiantes las bellas señoritas, las niñas de “El Placer”. Del Este al Poniente, de Norte a Sur, transitan las miradas ante el rico e imponente paisaje. Las ninfas se sumergían pero flotando, blancas, transparentes, las vestiduras flotando estaban. Los cuerpos acariciando las burbujas de la fluida corriente”... “Entendí que Perdomo, “Qénguere” se perdiera por las tardes y asomara la testa detrás de los peñascos del brioso Pacairigua y la poza d encanto”.

JUAN CORREA
    
     Mecánico, comerciante, empresario, metido y conversador, siempre con la palabra por delante, recitaba que el pozo de “La Llovizna” fue una pausa hacia la cumbre, observada desde todas las colinas. La Llovizna semejaba un rocío matinal durante el lapso diurno de las horas. El pozo no tenía porque inventar canciones, si en el se conjugaba el maravilloso concierto de toda la exultante geografía; pero las inventaba, las inventaba indirectamente. Una de tantas pruebas elocuentes de esa magia la regustábamos en las creaciones imponderables de nuestros artistas locales que traspusieron las fronteras de la patria, honrando el gentilicio.

 
Dique del Norte Cesar Gil Gomez
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