La antiquísima tradición católica de rezar a sus muertos está por desaparecer; la pérdida de valores familiares y religiosos, el dinamismo social, la moderna configuración urbanística que limita la interrelación personal, entre otros factores, atentan contra esta costumbre que según Livia Palacios, consiste en ayudar al eterno descanso del alma del difunto, a través no de velas y flores, sino de oraciones.
Orígenes
El Santo Rosario es la devoción mariana mas conocida en la comunidad cristiana porque las oraciones permiten honrar y demostrarle amor a la Virgen María; se trata de una especie de Evangelio abreviado, introducido por Domingo de Guzmán en el siglo XIII con tres Misterios denominados de Gozo, de Dolor y de Gloria. Posteriormente, el papa Juan Pablo II agregó un cuarto Misterio: el Luminoso. El Rosario de Difuntos consiste en nueve jornadas consecutivas de oraciones, llamadas novenarios, que suelen realizarse en horas de la noche para comodidad de los participantes; en los últimos años, precisamente por la dificultad que representa conseguir quien guíe el ritual, ha tomado fuerza la práctica de rezar todos los novenarios en una sola jornada, lo cual no es recomendable entre otras razones, según opina Livia Palacios, porque agota a todos los presente, por una parte, y porque tiene más de compromiso social que de caridad cristiana.
Y esas pepitas qué dicen
Los Misterios se complementan con Oraciones (Padre Nuestro y Ave María), Letanías (Peticiones a los Ángeles y a la Virgen) y Jaculatorias (Alabanzas). El Rosario se divide en cuatro partes o enunciados, de cinco misterios cada una, que se rezan en días diferentes: los Misterios Gozosos, lunes y sábados; los Misterios Dolorosos, martes y viernes; los Misterios Gloriosos, miércoles y domingos; los Misterios Luminosos, jueves. El rosario como elemento físico consiste en una cadena de 55 eslabones esféricos (pepitas) llamados camándulas, y una figura (la cruz, la Virgen), el mismo sirve de guía al momento de rezar un padre Nuestro y diez Ave María y las jaculatorias, por cada misterio; es decir, cinco veces cada noche. Existen también diferentes tipos de rosarios cuya forma y tamaño varía con el uso y la advocación. Es más fácil aprender rezándolo que oyendo la explicación, comenta la entrevistada; probablemente sea muy cierto. Es indispensable, señala Livia, que haya devoción, que se medite cada oración mientras se reza; es posible que esto se cumpla por cuanto se asume que quien asiste a un novenario es porque cree en ellos, y aún cuando no conozca bien las oraciones (lo cual es, por lo general, muy común en estos casos) medita silenciosamente sobre el acto de fe en el cual está presente. Además del Novenario, continúa la explicación, existen otros Rosarios que suelen rezarse en familia (el Mariano, Jesús en la Misericordia, San Miguel Arcángel, etc.) de acuerdo con la devoción de los creyentes
Creencias y rezanderos
Por mucho tiempo se consideró que quien acudía al primer novenario debía asistir a los ocho restantes, porque de lo contrario recibía algún tipo de maldición; de allí que quien no tuviera la seguridad de poder ir a todos, optaban por presentarse al último. Hoy, a pesar de que muchos dicen no creer en tales afirmaciones, el último día sigue siendo el más concurrido, tanto que llega a triplicar la asistencia ordinaria, por lo que los familiares toman las previsiones logísticas pertinentes para atender a los visitantes, y poder satisfacer la demanda de sillas, chocolate, café, galletas, etc., que, lógicamente, se incrementa. Guatireños de épocas recientes recuerdan a Teotiste Regalado y a Clemencia Sánchez; un poco más atrás a Vicente Emilio Palacios, en Las Barrancas; y actualmente a Pedro Elías León, María Martínez, además de Livia, entre otros.
La motivación y futuro
Para nuestra informante, el motivo que debe inducirnos a rezar el Rosario es el cumplimiento del mandato de las apariciones de la Virgen María, quien nos pide rezar por la paz del mundo, pero además debemos agradecer a Dios y la Virgen la satisfacción de nuestras necesidades físicas y espirituales. Livia lamenta que muchos difuntos no reciban oraciones porque no hay quien las rece y agradece tener la oportunidad de formar generaciones de relevo. En ese sentido, no deja de ser una grata sorpresa que niños como Roxelis Muñoz, Ariadna Ruiz, María Eugenia Navas, María Gabriela Frazao y César Pedroza, tengan la capacidad física y espiritual necesarias para dirigir con soltura un Rosario, y aunque son muy pequeños para saber si darán continuidad a esta actividad, tenemos la certeza de que al estar justamente en la edad donde el aprendizaje de valores sociales y espirituales se arraiga con más fuerza en el ser humano, y allí permanecerán para aflorar en el momento cuando la sociedad más lo requiera.