Soy un caballo
A cien kilómetros por hora
Me embelesan las amapolas silvestres
Desbocado voy sin remilgos
Pero no me dejo arrastrar por los instintos
Relincho, soy un caballo dije
Voy fugaz sobre la fina hierba
Cuadrúpedo desbocado
Intrépido Rocinante
Enjuta fiera de oscuro pelaje
Animal de cuatro patas y una fusta
Un azote y al galope
Cosa salvaje de encaje y bolillo
Ni siquiera un alazán o un potrillo
Un caballo, llevo algún tiempo en esto
Avistando desde las laderas
El mundo a mis pies
Pobre jamelgo, intruso entre la paja
Cómo puedo ser yo el Quijote
El Mío Cid o Pegaso, ni siquiera
Puedo creerme Faetón, el hijo de Helios
Y de Clímene arrastrando el carruaje
Del sol a través del cielo, lo incendio todo
Ni decir como Bukowski que “los días pasan
como caballos salvajes sobre las colinas”
Apenas un jaco, un espejismo
Cual los vieron llegar los pobres hijos de
Tenochtitlán, esos extraños seres
De cuatro patas y columna erguida
Con cabeza de hombre
Fiera de corral, voy buscando entre el musgo
No hallo nada comestible sino un verso
Qué coño hago yo con las palabras
Este animal que soy este salvaje
Hijo de la carrera, delirio de Troya
No me encuentro entre los hombres
Soy caballo, insisto
Y a cien kilómetros por hora
Apenas si me aquieto en las esquinas
Husmeo por ahí, voy perturbando
Y cuando amanece y me agarra el frío
Recostado de las columnas griegas
Me digo soy centauro, tengo muchas cosas
Que contar pero nadie me escucha
Y relincho, me arrecho y relincho
Y empiezo a juntarme con un poco de panas
Todos locos de bola y hambrientos de circo
Y no nos llaman los cuatro de Liverpool
Ni Las Cuatro Monedas, ni el cuarteto de cuerdas
Sino los cojonudos Cuatro Jinetes del Apocalipsis
Y salimos por allí, en noches bárbaras
Los cuatro jinetes que se solapan
Simbolizan la guerra (el del caballo rojo)
El conflicto civil (el del caballo blanco)
El hambre (el del caballo negro)
Y la muerte (el del caballo verdoso)
Y la pasamos del carajo
Nos da por perseguir yeguas
Y acaso nos provoca de pronto
Comer arepas a las tres de la mañana
Y todo el mundo asustado, preguntando
Qué hacen aquí esos monstruos alados
Y nosotros qué va, mansos a esas horas
Qué va a querer uno acabar con esta especie
Estos se acaban solos, a nosotros nos provoca
Ir de bar en bar libando con alegría hasta que
A un intrépido caballo volador de bronce le da
Por decir que parecemos bestias iracundas.
Julio 2005
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