Ojalá que yo pudiera
con un especial don,
retener esos recuerdos
de mi madre, de su voz,
como estampas muy cercanas
que el tiempo no destruyó.
Ojalá en una vitrina
pudiera tener yo
el costurero de lata,
la tacita de latón,
los lápices de mi padre
y sus fotos de cartón
de peloteros antiguos
que en casa nadie conoció.
Ojalá que yo pudiera
guardar la magia y el amor,
de esos recuerdos vagos,
que transitan sin razón
y que de pronto se marchan
como nubes de vapor
que por más que uno no quiera,
se destruyen bajo el sol.
Pero todo eso no puedo,
ni siquiera la canción,
se graba en mi pensamiento
para repetirla yo.
Lo único que puedo
hacer con mi imaginación,
es escribir el recuerdo
de aquello que pereció,
a ver si hago eterno
lo que mi padre me contó.