EL FANTASMA DE LA CHURCA.
Guatire era un pueblo pequeño, con dos largos y limpios ríos rodeando su valle, uno, adornado con mángales y otro encauzado por frondosos bambúes. La gente bajaba a lavar las ropas al río y los niños jugaban y comían mangos, mientras las niñas recogían flores silvestres. La mayoría andaban a caballo y los ricos tenían carretas, que andaban majestuosa por las calles empedradas. Guatire estaba orgullosa de sus montañas, y sus indios, porque aún habían indios, de la tribu de los tomusas. Una anciana india tomusa fue la que contó a la abuela la leyenda de la Churca y el fantasma del río.
Era un día en que la tarde cayo de pronto sin avisar, soplaba un viento frío y oscurecía apresuradamente, estábamos todos sentados alrededor de una fogata, cuando nos dijo la abuela:
_¡Muchacho! Esta tarde es fea como la de aquellos tiempos cuando el río se comió la mañana y la bruja de la Churca se queda sola y la princesa del río se hundió en el pozo. ¡ Ah!, el pozo de la Churca, tantos misterios encierra. Si algún día siguieras el río hasta su primera cascada, encontrarás un misterioso pozo; oscuro y sin fondo, donde el frío nos cala la piel y su contraste caída y golpear del agua nos hipnotiza. Y si suben la colina que bordea el pozo, encontrarán en su cima las ruinas de una choza antiquísima como la misma montaña.
Fue en ella donde habitaba una anciana ciega y una doncella hermosa de rubia cabellera.
La una curandera; la otra, niña inocente; bella, de mirada hechicera. Bajaba cada tarde al río a buscar el sustento de su abuela y siempre se bañaba sumisa, desnuda en el pozo, entonando una canción. El pueblo temía a la misteriosa anciana y decíase que quien mirase los azules ojos de la niña se hundía para siempre en el pozo. Decían los ancianos que la niña era hija de un liberal, que a caballo y sombrero de copa, llegó una vez al proclamando libertades seguido de una tropa de lanceros caminantes, y entregó la niña en custodia a la sabia anciana, por recomendación del más antiguo de los tomusas quien para entonces se internaba en lo profundo de la montaña con su tribu, huyendo del látigo español.
Una tarde oscura, en que la luz de una vela alumbraba la mesa de la anciana y la niña se bañaba en el río entonando una canción, el viento soplaba fuerte y la lluvia caía inclemente sobre los techos de tejas de barro. Toda clase de voces se escuchaba en el viento; la gente rezaba y cerraba las puertas y ventanas; mientras tanto, en la montaña, en la casa de la anciana, las paredes y el techo crujía quejumbroso coco una fiera al borde de la muerte, y la niña se bañaba casi ausente en el río; que creció de pronto y se confundió con la montaña. Arropando su encanto sin pudor y sólo quedo su eco en el río. Llovió inclemente toda la noche. Ahogando de una, el canto y de otra el llanto.
El amanecer fue fresco, la gente salió a las calles con fangales amarillos a comentar la tormenta. Alguien a quien la anciana habíase librado de pequeño de un maldeojo lamentose entonces: La anciana de la Churca, el viento, el agua. ¡Por Dios!, la hija del general... Corriose la multitud Valle Arriba, subieron al pozo y no encontraron nada, solo las ruinas del rancho y una vela que misteriosamente permanecía encendida a pesar del agua y el viento. De pronto escuchamos una canción en el río, y mirándose las caras asombrados, corrieron al pozo pero mientras más se acercaban más lejana oíase la tonada, y llegaron y no encontraron nada, solo silencio.
Mientras:
De lo alto de la montaña el jefe tomusa observaba prometió junto a su gente que llenaría el pozo con piedras sagradas hasta taparlo en honor a la princesa de la montaña, la hija del general, que combatía el látigo español. El general nunca regresó a Barlovento, dice que se quedó con la mirada fija, colgado en una plaza ignorante de esta historia.
Y decía la abuela que en una tarde de octubre oscura y fría, de vientos quejumbroso, puede oírse en él, al llegar a las orillas del río, el llanto cantado de la niña de la montaña y la anciana llamando... más si se es tan valiente de subir, luego del amanecer, podrás ver un anciano espectral lanzando piedras al pozo, y dicen que si del fondo una pudieses hallar, verás la imagen de los ojos de una niña, imagen sagrada que te puede proteger del llamado de muerte que hace en octubre el hambriento pozo.
Que una noche de octubre, la misma del vendaval, en horas de la madrugada surge dentro del pozo la hija del general, entonando su canción; con una vela en la mano que nunca se apaga; y nadie puede evitar ver, cuando - como luciérnaga gigante – se pasea por el pozo, vigilando su caudal.
Decíame la abuela, que si el río se seca o reducen su caudal, o manos asesinas contaminan sus riveras, saldrán las almas en pena que se ahogaron en el río, y también en la laguna. La anciana, la niña y los indios, bajarán toditos con una vela.
Y ella, llorando nos dijo: Que nos libre Dios del segundo vendaval cuando le quiten el río al fantasma.
_Las calles de Guatire serán su nuevo hogar, y los fantasmas no soportan a los vivos.
FIN
RELATOS SOBRE UN FANTASMA GUATIREÑO
I
Sí, un fantasma de verdad, verdad de esos que espantan, mueven y ponen los pelos de punta.
Igual que usted, yo también dudé de tan descabellada afirmación, soy un incrédulo por naturaleza, sin embargo en esos abatares de la investigación de folclor, me he encontrado con muchos eventos, mitos y leyendas de fantasmas, pero nunca había visto uno. Este me hizo templar hasta los huesos. Sucedió un día 12 de Febrero reunidos con unos amigos de FUNDAPACZ en la Biblioteca Pública Don Luis y Misia Virginia, trabajamos hasta tarde, y al salir; la amiga Santa Durand directora de la misma y gran persona, me encomendó chequear si las puertas habían quedado bien cerradas. Subí a la carrera y al tocar la perilla de la puerta recibí un escalofrío tan intenso que me hizo crispar los dientes, me sentí rodeado de miradas y de una presencia cada vez más fuerte y cercana. No me atreví a voltear, tenía miedo, si, un miedo seco, y pálido, como cuando no queremos mirar el ataúd de un niño muerto.
Estaba seguro que si volteaba me iba a arrepentir, entonces bajé a la carrera, casi tartamudo, entrecortadas las palabras, dije:
_Santa, allá arriba tienes algo...
Sorpresa intensa la mía, cuando con su mano en mi hombro me dijo:
_¿ lo sentiste? No te preocupes, que él no te va a hacer daño.
Y me contó la siguiente historia:
II
Mira José Manuel ya antes nos habían sucedido cosas, al personal y otras personas amigas, nos encendían las luces después que la habíamos apagado, nos desaparecían las plumas y lápices y luego aparecían en los lugares más insólitos, sin embargo nunca tomamos en cuenta estos pequeños fenómenos.
Pero un día que me disponía a trabajar hasta tarde en la oficina de la sala infantil elaborando el informe anual, pasada las 8 de la noche, escucho cuando ruedan unas sillas y me levanto a ver –pensé que alguien se había quedado encerrado – No había nadie y seguí trabajando, de pronto rodaron más sillas y mesas, me paré al instante y al salir todas las cosas estaban en su lugar.
Me invadió un miedo extraño, un escalofrío hasta los huesos y me encerré en el estar, más vale que no, allí dentro había algo, no se veía pero estaba allí, soplaba una brisa fría dentro de la oficina, desesperada abrí la puerta, se movían las sillas y casi empujada por aquel espanto, mencione las siguientes palabras “ Esta bien chico me voy pero no me asustes que yo te cuido tu casa”. Pero que va, el escalofrío me siguió empujando hasta casi una cuadra después de la biblioteca ¡Que susto! Sin embargo Manuel resultó que a los 10 minutos que salí de la Biblioteca se metieron 4 hombres armados que venía siguiendo la policía y el tiroteo duró hasta las 5 de la madrugada.
_ ¿Tú te imaginas lo que hubiese pasado si yo no me voy en ese momento?
Esta historia me conmovió, el fantasma era un héroe y estaba allí, era mi oportunidad para mirarlo de cerca, aún no salía de mi asombro cuando al día siguiente escuché de Nelson García “El poeta de Vida” que atiende la tiendita de Artesanía de la Biblioteca, lo siguiente.
III
Amigo, desconozco las causas que te hacen preguntar sobre si me ha pasado algo extraño en esta casa ( Biblioteca), te voy a decir algo que me crispa los bellos al recordarlo, fue una tarde de noviembre un lunes 6:30 p.m. exactamente, estaba ordenando la tiendita, cuando al lado en la sala de historia escuche rodar unas sillas, no le paré mucho, pero a los minutos escuché rodar sillas otra vez, pero en forma intermitente, corrí, abrí la puerta y todo estaba en orden, no quise hacer caso pasé la llave y seguí trabajando, de pronto volvió el ruido, con nervios abrí tembloroso la puerta y encontré, amigo, una silla sobre la mesa, esto me adormeció los sentidos en ese momento escuché voces en la sala infantil, era como una discusión, bajé molesto porque pensé que eran los autores de las voces los que me habían jugado esa broma. Corrí escalera abajo y a medida que me acercaba las voces se iban apagando, escuché las voces arriba y subí corriendo, pero a medida que llegaba se iban apagando las voces. Ese día conocí un miedo, un escalofrío que me estremeció de pies a cabeza me fui a casa , así no podía seguir trabajando. Pero al siguiente lunes a la misma hora, Milano, volví a escuchar las voces, esta vez más fuerte, me armé con un “ Padre Nuestro “ y caminé tembloroso hacia la “sala infantil” las voces callaron y de pronto estallaron en la parte alta, corrí como impulsado gritando cosas que no recuerdo y las voces amigo, esta vez no se apagaron. Al llegar 3 personas intentaban entrar a la biblioteca por el techo y entre los dos, los ahuyentamos él y yo, sabes, el cuida, yo lo respeto, no lo tomes a juego...
Nelson me refirió, teniendo como al testigo oficial de Policía Don Nicolás, el fenómeno de una puerta que para abrirla hacen falta por lo menos dos personas y aun así no abre por completo ( yo mismo comprobé lo dicho). Pues esta puerta se abrió de par en par sin el más mínimo esfuerzo y ante los ojos atónitos de los presentes, acto seguido se encendieron las luces de los pasillos y no había un ser material a quien atribuirle la autoría.
Entonces después de las palabras de Nelson me dije: “Esta gente tiene un fantasma que no quieren ahuyentar y tomé en serio la cosa y proseguí a recolectar información más científica, me propuse hacer una investigación de campo y documental, pues todo esto tenía, que tener una explicación, “yo no creo en los fantasmas”, esta afirmación se me escapó en voz alta cuando meditaba sobre los apresurados sucesos, cuando una joven se sentó a mi lado y me abordó diciendo en forma tímida:
_¿Usted también lo siente?
IV
Era una hermosa joven, talentosa artista plástica, fundadora de un “Café llamado Deseo “ Isabel Tomazetti quién desconocía los antecedente de esta historia).
Discúlpeme, pero no pude evitar oírlo, yo no diría eso, si fuese usted, a mi me pasó algo aquí, que jamás olvidaré esa sensación , me encontraba sentada en compañía de un amigo en el pasillo del segundo piso como a 6:30 de la tarde, solos en una amena charla, cuando de pronto sucedió lo más extraño, nos invadió un penetrante olor a agua de colonia, lavanda o lima, algo así como esa loción para después de afeitar que usaban los viejitos, a tal grado que nos corto la respiración y casi paralizados nos abrazamos del miedo y el olor se fue de pronto, seguido de un escalofrío sepulcral y el abrazo se hizo de pánico luego sentimos una sensación de paz extraña y el abrazo se hizo eterno, él nos unió para siempre (por lo menos hasta ahora) te digo que él porque en ocasiones cuando cerramos el Café y las puertas para hacer cuentas, hemos sentido pasos de personas que atraviesan el pasillo y salimos a detenerlos diciendo señor señor disculpe está... Y no vemos a nadie, y las puertas cerradas, pero eso si, está esa fragancia a lima como loción de afeitar.
La Tomazetti como cariñosamente la llaman sus amistades y admiradores de sus originales trabajos artísticos, me mostró la cara de un fantasma romántico, pulcro e inquieto. “Tengo que conocerlo” y me dediqué a hurgar en los antecedentes sobre fenómenos parecidos en la cuadra y a sabiendas que dicha casa fue habitada a principio de siglo por la familia Betancourt, donde se crió Rómulo, me dirigí a casa del maestro Rafael Borges, admirador de los Betancourt y gran conocedor de la historia guatireña. Este me recibió afectuoso y cortes como siempre y al mencionarle mi empresa, sonrió y me dijo:
_ Eso es verdad y tengo documentos que lo prueban de hace ochenta (80 años). – Y me mostró el manojo de amarillentos papeles-
V
Mis emoción llegó a un clímax casi indescriptible, imaginen poder probar la existencia de un fantasma, a través de un documento y relatos coincidentes de personas que nunca se vieron o escucharon en un lapso de casi 100 años. Allí estaba el papel, lo tomé tembloroso, el maestro volvió a sonreír y me dijo “ tú eres tremendo” (como quién reprende a un travieso niño que juega con cerillos). No leí el documento sino hasta llegar a mi casa, a ese lugar de paz donde el mundo se esconde tras la puerta de salida y me dispuse a leer.
Era un artículo escrito por Angel Grisanti insigne escritor venezolano nacido hace cien años y extinto ya, en el mismo contaba sus experiencias en Guatire en el año 1.917 aproximadamente (fascinante).
El Dr. Grisanti menciona que para principios de siglo habitaba en la calle Miranda al lado de la casa de los Betancourt un antropólogo guatireño. El Dr. Cruz hombre tenebroso que tenia por afición desenterrar y robar esqueletos del cementerio de los mandamientos y llevarlos a su casa donde los almacenaba en un osario en el sótano de la casa, lindante con la de Doña Virginia de Betancourt.
De allí, que en el pueblo se tenia por cierto que a media noche una de esas almas perturbadas en su sueño se levantaba del osario, corría a través de la pared medianera, atravesaba la casa de Don Luis y llegaba a la agencia de licores donde trabajaba hasta tarde el Sr. Grisanti. El mencionado Grisanti se dio a la tarea de averiguar el por qué de tantos ruidos en las casas vecinas y los que él sentía allí, cuando se quedaba hasta tarde.
Habló con las hermanas Bolívar antiguas habitantes de ese inmueble, donde anteriormente tenían una escuela. Las Bolívar le contaron que cerraron la escuela porque escuchaban muchos ruidos extraños y aseguraban que a veces cuando cenaban el fantasma les quitaba las cucharas de la mano y luego aparecían en los sitios más insólitos- que coincidencia ¿verdad? – y ellas salían despavoridas a la calle pidiendo auxilio. Este fantasma también aseguraron haberlo visto los celadores de la agencia de licores (lugar donde trabajaba Grisanti) “hombres bregados con cicatrices de heridas, de revolver y puñal en cinto” dos de estos vigilantes en días diferentes cayeron al suelo desmayados y afiebrados cuando el fantasma los sorprendió en el patio de la casa. Uno de ellos contó que al dirigirse al sanitario se encontró con un gigantón indiano y no hizo sino desmayarse como un tronco. Pero éste no podía sino decir que era un gigante, para justificar su importancia y no quedan como cobarde.
En este documento se hace referencia a los grupos que llegaban a Guatire, compañías teatrales, que no podían alojarse en las casas de la cuadra porque le perturbaban las actrices con cucurucheos de almohadas y a los machos con golpes en la ingle y terminaban durmiendo a lo largo de las aceras.. Pero lo insólito del documento es la experiencia del mismo Grisanti que dice textualmente:
_“Yo no vi al fantasma pero lo sentí; cerrada ya la noche, yo permanecía trabajando en mi escritorio, mientras se escuchaba que alguien se mecía en uno de los chinchorros del interior, empujándose con ese sordo y sólido golpe de talón de pie, de pronto me acorde de algo urgente del servicio, salí rápidamente hablándole al presunto enchinchorrado, al propio tiempo que este se lanzaba del chinchorro, cuando hube llegado el chinchorro se balanceaba con su peculiar movimiento, pero no vi a nadie, entonces le dije el presunto empleado ¿y por qué se esconde? Pero nadie respondió, y escorzos y escalofríos me recorrió los pelos de punta e impregnado de una fragancia de lavanda que me causó un malestar infinito...”
El relato del Dr. Grisanti fue confirmado por una copia anexa del diario el Universal 17/ 09/77 y avalado por una carta firmada y sellada por el senador Rómulo Betancourt fechada el 29/ 03/ 1978 facsímiles que poseo gracias al maestro Borges. En el diario Grisanti afirma lo siguiente:
“Al encontrarme con Andrés Muñoz me aseguraba a su vez que el fantasma no era otro que Romulito, habitante de la casa contigua, que se metía en la escuela de las Bolívar bajo las mesas, les levantaba las faldas y las asustaba y cuando estas huían él se marchaba a la carrera por la puerta de fundo, saltando la pared del medianera”. Esto es posible porque a ese ni el bautizo le sacó el diablo del cuerpo”. Y a continua así: “Años después al encontrarme con el recordado Andrés (Q.E.P.D) hablamos como siempre de Guatire y del temible fantasma y Andrés me contó que este había cesado de hacer sus correrías nocturnas porque la familia que habitaba en la casa que perteneció al Dr. Cruz se había “Sacado el entierro” el dueño de la farmacia compró la hacienda más inmediata a la ciudad”.
Grisanti dice que este doctor Cruz resulta ser el abuelo de Carlos Cruz Diez artista plástico de renombre, cuestión que le confirmó el mismo Rómulo. Bueno hasta tenía material para sacar conclusiones , almas en pena, espantos, osarios y el visto bueno del maestro Borges, Grisanti y el Propio Rómulo, sin embargo, mi aporte tenia que ser tajante, copie el documento y lo llevé al maestro quien me dijo ¿ya visitaste la familia que habitó allí después de los Betancourt?.
Se me prendió el bombillo esa era la tapa del frasco y me desplace en busca de información y “caramba” la gran sorpresa el fantasma aun estaba habitando materialmente la casa ¿no entienden? Ya disiparán sus dudas aclarada por alguien que estuvo allí.
VI
Mi expectativa era parecida a la que usted tiene ahora amigo lector, me acerque cauteloso a la vivienda ubicada en una céntrica calle Guatireña muy cercana a la Plaza 24 de Julio, aquella que otrora se vistió de gloria al develar su estatua pedestre del libertador (pero esa es otra historia) bueno era el momento y llamé a la puerta. Me atendió la señora Eduvigen Oramas de Lugo esta respetable, dama con cordialidad escuchó la naturaleza de mi misión y presurosa llamó a su hermana Pilar Oramas quien muy cortes exclamó textualmente lo siguiente:
_“fenómenos en esa casa hay muchos, vivimos en ella casi 30 años, la compró mi mamá Belén previa consulta con Rómulo, allí ocurrieron cosas que uno olvida con el tiempo, por lo menos entre esas puedo decirte que la más clara y constante (que yo recuerde) era el sonido de una hamaca moviéndose donde está el horcón principal, el resto fueron ruidos y carreras a media noche y alguna, salpicadas de agua en el segundo pasillo justo donde estaba el estanque”.
Las hermanas se miraron al rostro, sabías algo más, pero no se atrevían a decirlo, yo capté lo sucedido y empecé a hablar lo comentado por el citado Andrés Muñoz, a lo que reactivo el diálogo la señora Pilar:
_Ese es el abuelo de mi cuñado Ely Gillermo Jugo. ¿usted lo conoce?
La verdad no, pero el maestro Borges me recomendó hablar con él. (Acertando mutuamente con la cabeza, ambas sonrieron).
_Mire mijo lo que va a oír es una verdad como un templo: “Sucedió como a los diez años de habitar la casa, con frecuencia oímos ruidos y gruñidos extraños en varios sitios de la casa, pero lo más espeluznante era un llanto a media noche de un niño recién nacido, justo en el pasillo de la galería, esto nos mantuvo asustados y desconcertados por varios meses hasta que un día mamá Belén se lo comentó a Rómulo en una de sus visitas, nos mandaron para el patio y no pudimos escuchar la conversación.
Lo cierto fue que al día siguiente llegó a la casa el Padre Mariño Marianchi con un ayudante y justo a mamá Belén se encerraron en una habitación, rezaron y prendieron velas eh incienso por dos horas, el cuarto fue sellado. Solo mamá Belén entraba a cambiar las velas, esto se mantuvo hasta la siguiente visita de Rómulo cuando se abrió la habitación y fue lavada con agua florida.
La verdad solo después de años fue cuando mamá nos confesó lo que Rómulo le había confiado como un secreto de familia: “Ya habíamos salido de aquella casa, tomando café en ese mismo lugar donde esta usted sentado nos dijo que el problema de ese tiempo fue que el padre tuvo que bautizar a una criatura que había enterrado en ese lugar, hijo nacido muerto de Doña Virginia y como tal no iba a la iglesia ni al cementerio, el mismo Rómulo confesó hacer descuidado el asunto y pidió a mamá que llamara al Padre, pero sin mucho escándalo, porque los periodistas de cualquier cosa “montan unas carnestolendas”. Lo cierto es que no escuchamos nunca más el llanto.
_¿Usted ah escuchado algo? (Me preguntaron efusivas)
Ya para entonces mi mente estaba en hablar con el padre Marianchi, para confirmar la historia no por dudas sino precauciones de investigador y eh aquí las palabras de Marianchi:
VII
Este padre bautizó a todos los Guatireños de mi generación y por ello no olvidamos sus grandes sandalias y su inmensa figura en las largas tardes de misa, conocía la vida de todos y a todos llamaba la atención con mucho vigor. Bueno el Padre ya muy viejo, está en Santa Lucia, un viaje largo el cual quise evitarme llamando por teléfono:
_Si, ¿qué se le ofrece?
_Podría hablar con el padre Mariano Marianchi si es tan amable, dígale que es de Guatire.
¡ De Guatire! Un momento por favor (2 minutos; hay que ver que rápido se acaba una tarjeta telefónica, vale menos ir a Santa Lucía).
_Buenos Días, ¿Quién os llama? De ese pueblo Guatireño.
_Padre Mariano, Yo soy José Milano se que no me recuerda, pero necesito una información.
_Hijo de recordarte, ya no recuerdo ni mi nombre pero hable, haber en que lo puedo asistir.
_Padre necesito saber que hay de cierto, de una criatura que usted bautizo en casa de Don Luis Betancourt o Belén de Oramas en el año 60 y tantos y que yacía enterrada en un rincón de la casa, es para un trabajo de folclor (mentí).
_Muchacho, usted como que ya sabe demasiado, uhhh.. lo que puedo agregar es que yo hice los oficios en el mencionado lugar pero no me consta haber visto el cuerpo, pero doy fe de la seriedad de la familia demandante, es que esa cuadra no es el primer oficio hecho, pues mire allí hubo muchas almas fuertes y puras y uno de ...(se me acabo la tarjeta).
De todas formas Padre si a sus manos llega este escrito: gracias usted ayudo mucho.
VIII
Lo que al principio parecía estar claro se complicó cada día más. La verdad nunca pensé que iba a encontrar tantos fenómenos juntos, cuando me propuse reseñar esta anécdota, mi deber es pues decir la verdad, quise cerrar el capitulo con una aclaratoria que descubriera el origen de estos fenómenos, por ello indague en algo que pudiese haber reactivado estos sucesos extraños. Quizás la presencia de ese cobertizo en los salientes del pasillo principal que pertenecieron a la catedral de Caracas, o la presencia de las antiguas puertas de la antigua iglesia del Calvario (primera de Guatire) como repisas de un merendero en la casa, o quizás las recientes secciones colectivas hechas allí invocando ángeles, o lo más sencillo que por ser esta la única casa colonial aun existente en la cuadra había convergido allí todas las almas errantes.
Sinceramente no lo se, me preocupa porque cada día surgen nuevos fenómenos y ya seme hace corte el espacio por ejemplo: el 21 de marzo a 11:30 p.m. reunidos amigos de FUNDAPACZ presenciamos un contacto casi extraño, casi mágico. Discutíamos sobre el pedestal de la estatua para ello debía hacerse un comunicado a el comité de la defensa de Plaza 24 de Julio y su estatuaria a lo que Santa agrego:
_Será de su estatua --y yo refuté en forma sarcástica-- de su estatuaria incluyendo la de Rómulo.(a lo que Marcos Milano agregó a manera de juego):
_Con todo y pipa (algún rencoroso optó por robarle la pipa a su estatua, de allí el agregado).
En ese momento se encendió un penetrante e inexplicable olor a tabaco que nos entumió.
_¿Qué pasa aquí? (Dijo Marcos sorprendido)
_Tranquilos coloque una silla al compañero y ofrézcanle agua, (dijo sereno y serio Leopoldo Cook).
Y así se hizo, automáticamente desapareció el olor diez minutos quedamos inmóviles ante una silla vacía y un vaso inmutable de agua. Eran ya las 11:45 p.m., traté de contar mis investigaciones sobre el caso y no me dejaron, la licenciada Santa nos invitó a pasar a una pequeña habitación, (todos entramos curiosos nadie quería quedarse fuera).
– Un señor vino en estos días y me señalo que en este sitio (señaló un rincón donde estaba parado Manuel Tejada) habían enterrado a alguien hace 80 años. Manuel cambió en segundos a múltiples colores fue una noche de mucha energía.
Al día siguiente comentaba con la Tomazetti mi decisión de no profundizar de no profundizar más, cuando le mencione lo pasado a Grisanti y que al lado estaba una sede del Banco de Venezuela donde el mismo trabajaba. Ella me interrumpió diciéndome que esa noche había soñado con una casa muy vieja que decía Banco Venezuela. Pero no tiene nada que ver, pues fue un disparate soñé que en dicha casa habían sacado un baúl enterrado y el mismo estaba lleno de planchas viejas de esas que se calentaba al carbón. En ese instante llegó a saludarnos Luis Regalado y acto seguido estregó a Tomazetti una plancha vieja y oxidada.
-Toma a ver si te sirve para adornar el café, la encontré, al lado en una pilita de tierra que están sacando de la casa unos obreros.
Amigo lector cada relato ah sido consultado con sus generadores y su nombre y apellido aparecen para constatar la veracidad y seriedad de ellos, sin embargo a ninguno se le notificó sobre los relatos de los otros; por tanto se descarta la influencia en sus informaciones.
IX
Ahora bien decidido como estoy a no seguir metiéndome con estos fenómenos, ya sea, por consejos de ancianos o por dejar en manos de hombres de Dios la posibilidad de dar descanso a estas posibles almas atormentadas, o para no despertar la codicia en los casa tesoros que nunca faltan, así como brujos asimilado que ofrecen despojos y exorcismo como en botica. Un poco motivado por la frase de mi señora que recientemente observó a media noche una imagen humana en un pasillo de nuestra casa y dirigiéndose presurosa a mi presencia comentó:
_“Creo que tus fantasmas te están siguiendo hasta la casa”
Sin embargo conste que desde una posición razonable declaro que ningunos de los fenómenos han hecho daño físico a persona alguna y que al contrario han tratado de resolver situaciones engorrosas.
Bien sean para usted lector jocosas estas líneas, mi intención es, más que entretener, la de dejar testimonio escrito para la posterioridad de estos hechos cuya responsabilidad asumo sucedieron.
Puede especularse que las armas o fantasmas son muchos, Rómulo Betancourt (pero el mismo estaba vivo y ya habían fenómenos ), También puede ser Grisanti que murió recientemente, o el niño en cuestión, o las decenas de armas del osario del Doctor Cruz o él mismo, o los extintos dueños de esta casa, o todos juntos. ¿Quién sabe?, quizás hasta yo, tenga reservado mi rincón allí después de abandonar este cuerpo.
Lo cierto amigo es que el fenómeno está allí y ya no puedo más respecto a cobardía llámelo como quiera, si usted quiere más información venga a la biblioteca que el fantasma lo estará esperando siempre y quizás algún día también lo acompañe a su casa, entonces me entenderá.....
FIN
CUENTOS CORTOS PARA MENTES INFINITAS
MANICOMIO
Pensé que la soledad era la mejor madre, para mecer en su efímera cuna la soñolencia de mi reciente pena. Huir, huir como encorvado en la madriguera humeante de sensibles llantos.
Apenas habían pasado tan sólo dos horas, y el vacío me abrumaba, imposible ignorarlos, sin la clandestinidad de la débil puerta que me alejaba de sus garras, sus garras cívicas, morales y consejeras. Nadie podría rehacer en mi alma la efigie cristalina de su sonrisa de niña, nadie imitaría el tintineo de sus pasos por el corredor, nadie reemplazaría sus serpentines rayos dorados jugando con la brisa, tras su pelota rosa en el verde mar engramado tras su zigzagueante andar.
Su sonrisa retomaba cada rincón de las cuatro paredes donde marginé mi alma, buscando el olvido y huyendo a los pésames cortantes, de ellos, los moradores de la puerta débil y traslúcida para el comentario. Decidí hablarle; mirarla a los ojos en el azar de los rincones, mis ojos trasmutaban viajeros entre las sombras siguiendo su sonrisa adolorida; de grito de ayuda.
Encendí una luz, y ya no pude oír nada, la luz de la cerilla hacia oscurísima la habitación, la puerta se abrió, venían por mí.
MOCASINES BLANCOS
Hoy el mundo está extraño; avanzo y las puertas horizontales y entreabiertas se achican en el vaivén del disonante ritmo de los sudorosos cargadores. Sus zapatos se arrastran de frente con una intermitencia lateral, como limpiando a cada paso el terreno pisado.
Cómo se puede mirar tantas cosas al mismo tiempo, cielo, tierra, aire, luz, sudor y llanto. Pero lo más odioso son esos petulantes mocasines blancos y verticales tras de mí, extraño, me parecen familiares; pero yo, ni muerto me pondría algo así. Me siguen paralelos como lomos de dromedario.
Al fin la gran Puerta, tras el traspié del beodo tambaleante de la esquina a mi hombro derecho.
Las gotas caen humeante y ardiente sobre el cristal del cielo raso, nombres, nombres y el mío ¿por qué el mío? Y siguen los nombres y nombres y rezos. Ahora, soy yo quien sigue a los mocasines blancos.
Al fin una oscura puerta vertical, me retuerzo como un gusano absorbido hacia esa oscura habitación, hasta ser tomado por el cuello por un titán, cíclope verde, de brillante y segado ojo. Susurros y manos gelatinosas, monstruos de cabeza y, horror, horror allí estaban resignados miles de millares de mocasines blancos.
PASOS ARDIENTES
Los irritados y lloroso ojos de Carmela; centellaban en un intermitente pestañear, sus pies chasqueaban tumultuosos en las tibias charcas de cenizas aguas, rasgadas sus prendas y heridas sus manos, el dolor no le afectaba, sudor y sangre se hermanaban naturales; como si siempre corriesen juntas.
A veces el dolor se hace una extensión de nuestro cuerpo, dedos de dolor, que presurosos apartaban los carbonizados y humeantes maderos, las sirenas se hicieron una canción monótona y lejana, los hombres de rojo la ignoraban de tal modo que en un momento optó por tocarse para ver si aun vivía. Al momento traté de llamarla, pero mi voz se perdía en dirección contraría, ella, Carmela apartó con violencia los restos de un viejo reloj de pared y tomó en sus manos las negras y deformes Timberland, carcomidas por las palidecientes llamas.
Me gusta el taconear de Wester cuando camino por las agrestes aceras de este pintoresco pueblo, la gente me saluda como a un extranjero, es interesante como hacer tan coloridas casas con esas maderos entrecruzados de vivos matices amarillos y azules. Las niñas rubias sonrosadas en sus capuchas conviviendo en el fresco clima de frambuesas y melocotones y Carmela que cuando me acercó lo primero que ve son mis Timberland.
Las toma en sus manos inertes al dolor se les queda mirando y mis botas la ven, se entrecruzan entre las tres más de una palabra sin abrir la boca.
_Dormía, dormía, (y los hombres rojos de goteantes brazos la miraron al fin, corrían, corrieron, corrí). Desmontó el pedazo de cobertizo sobre la cama, la miré sonriente y le dije mis botas; ¿salvastes mis botas? pero mi voz se iba en dirección contraría.
Su fresca lluvia cayó en mí, taparon con blancas mantas mi rostro, pero aun la veía abrazada a mis humeantes botas.