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La Familia
Más pequeña
Victoria Cobos Morantes
 
Artículo.-

      No se necesitan armas como palos, piedras y bombas para combatir la realidad, tan sólo es necesario un corazón puro, fe, determinación, amor y esperanza; y con esas armas, por más inútiles que suenen, espero regalarle a Venezuela la unidad que una vez vivía, pues aquí el color o condición nunca fueron motivo de odio, porque todos nos veíamos iguales, tan solo venezolanos.

     En la Gran Sabana se contemplan los más hermosos paisajes naturales, y es allí en lo más alto de un tepuy, cerca de un riachuelo, donde comienza nuestra historia.

     La temporada de lluvias estaba muy cercana y para todos los insectos, especialmente las hormigas, era necesario recolectar gran cantidad de alimentos, reforzar las paredes del hormiguero y elaborar un plan para casos de emergencia. En el hormiguero habitaban muchas familias, estaban los Toc, Gap, Buh, Pet y muchas otras; cada familia era parte de un grupo determinado, que formaba una división, estaba la división de rescate, la de alimentos y la de construcción, y cada una se dedicaba enormemente a su tarea.

     La vida en el hormiguero era muy tranquila, las hormigas se ayudaban unas a otras, los niños jugaban juntos, no había pobreza, corrupción o delincuencia; todos eran muy felices. Pero existían algunas hormigas inconformes con su vida y por lo que cierto día una hormiga pretenciosa llamada Buz dijo:

- Mi división -la división de alimentos- es la más trabajadora y merecemos recibir más que el resto de las hormigas.
De inmediato cierta hormiga de la división de construcción, se levantó y dijo:

- Si nos acusas de holgazanes, estás equivocado, pues mientras las otras divisiones tienen descanso nosotros no hacemos mas que levantar nuevas casas y vías para todos.

También una hormiga de la división de emergencia dijo:

- Nosotros las familias de emergencia, no tenemos descanso, pues por los errores de las otras divisiones siempre surgen cadenas de problemas y catástrofes.

     Y así todas las familias de hormigas se enfrascaron en la pelea; los niños ya no jugaban juntos, las divisiones protestaban marchando en las calles, había enfrentamientos entre hormigas por doquier y se paralizaron por completo las actividades en el hormiguero. En vista de que la situación no mejoraba, un anciano muy sabio cansado de contemplar el problema y de que nadie le diera solución, se levantó, tomó su bastón, salió de su casa y firmemente le dijo a todas las hormigas que vivían en el hormiguero:

-Los tontos son los que discuten sin razón y terminan con la felicidad de una comunidad, pero más tontos son los que rompen la unidad de un pueblo por ambición y odio, pues es esa unidad la que nos hace grandes, la que nos hace prósperos y la que nos hace una gran familia; así que los sabios no alimentan el problema, sino que buscan soluciones-. Dicho esto el anciano se retiró de nuevo a su casa, y dejó a todas las hormigas pensando en lo que habían hecho, todas reflexionaron y se reconciliaron; de nuevo juntas trabajaron mucho para recuperar el tiempo perdido y siempre recordando las palabras del viejo,  buscando ser sabios.

     A partir de esos días el hormiguero vive como nunca, todas las hormigas son una gran comunidad donde no importa el color o el dinero, porque todas entendieron que eran iguales y aprendieron a apreciarse unas a otras por lo que hay en su interior.

 
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