Mi nombre es Elenita, tengo siete años y medio y en mi casa pasan muchas cosas. Mi mamá dice que yo invento mucho y hablo mucho, pero lo que pasa es que a mí me gusta contar las cosas que pasan en mi casa. Por ejemplo: Cuando me voy a dormir, mi papá siempre me da un besito y me dice que sueñe con los angelitos. La otra vez soñé con un angelito que estaba sentado en mi cama, me acariciaba la cabeza y se parecía mucho, mucho a mi abuelita Sara. Al día siguiente, cuando fui al cuarto de mi abuelita Sara a darle los buenos días y contarle que en mi sueño había un angelito igualito a ella, ya no estaba. Mi papá me dijo que se fue en la noche, mientras yo dormía, y yo le dije que ella, antes de irse, pasó por mi cuarto, a despedirse seguramente. Mi papá no me dijo nada pero se puso muy triste. Yo le pregunté que cuándo regresaba la abuelita Sara y él me dijo que no regresaría nunca. “¿Y cuándo es nunca?”, le pregunté. Mi mamá me dijo que nunca es un día después de siempre.
Hace tiempo, antes de que llegara Juancito, mi mamá se empezó a poner gordita. Ella me dijo que pronto tendría otra boca que alimentar. Yo me asusté mucho cuando pensé que un día me despertaría y mi mamá, en vez de darme un beso en la frente, me daría dos besos, con sus dos bocas al mismo tiempo. Pero la otra boca no le salió debajo de la que ya tiene; a lo mejor le salió en la cabeza y se la escondía con el pelo, pero seguro que tenía otra boca que alimentaba porque su barriga creció mucho. Después fue que llegó Juancito, que era muy chiquito y feíto y lloraba mucho. Yo le pregunté a mi mamá que para qué había comprado un muñeco tan feo y llorón. Ella me dijo que no era un muñeco, que era mi hermanito y que no era feo, que él era la otra boca que ella tenía que alimentar. Entonces yo le pregunté que cómo una boca se puede convertir en un hermanito, y ella se echó a reír.
Una día vino mi tía Sofía y me trajo un regalo. Era un perrito. Mi mamá me dijo que tenía que ponerle un nombre. “¿Por qué?”, le pregunté y me dijo que uno debe ponerle nombre a las personas y a los animales para que cuando uno los llame, ellos vengan rapidito. Yo quería ponerle Juancito pero mi mamá me dijo que el perrito no se podía llamar igual a mi hermanito. “Entonces le pongo mi nombre”, le dije, pero mi mamá me dijo que tampoco se podía llamar como yo. “¿Y por qué no se puede llamar ni como mi hermanito ni como yo?” Mi mamá me dijo: “¿Y cómo vas a saber cuando te llamo a ti y cuando estoy llamando al perrito? Tienen que ser nombres diferentes porque son seres diferentes. Tú eres una persona, una niña y él es un animal, un perrito.” Entonces le dije a mi mamá que le pondría de nombre “Perrito”.
Cuando mi papá me dijo que pronto me llevaría por primera vez a la escuela, yo le pregunté: “¿Y qué es la escuela, papi?”, y él me dijo que la escuela era un sitio a donde los niños van a aprender muchas cosas. Y entonces yo le pregunté que por qué tengo que ir a ese sitio, que por qué no me enseña él en la casa. Mi papá me dijo que él no me puede enseñar todas las cosas que me enseñan en la escuela, porque no tiene tiempo y porque no sabe tantas cosas como saben las personas que enseñan en la escuela. “¿Y qué me van a enseñar en la escuela, papi?” le pregunté yo, y él me dijo que me enseñarían algo muy importante, a leer y escribir. Y entonces yo le dije: “¿Y por qué es importante que yo aprenda a leer y escribir, papi?” y entonces él me dijo que cuando yo aprendiera a leer y escribir podría decirle a las personas todas las cosas que yo quisiera decirles, y así no tendría que hablar tanto, porque mi mamá y mi papá dicen que yo hablo mucho. Mi papá me dijo que así, cuando yo quisiera contarle algo a alguien, yo podría escribirlo y dárselo a una persona para que lo leyera, sin tener que decírselo con la boca, sino con el papel. Y ahora que estoy en la escuela y sé escribir y también leer, siempre agarro un papel y un lápiz cuando quiero decir algo o contar las cosas que pasan en mi casa. Mi mamá dice que ahora ya no hablo mucho, pero que le gustaría que yo volviera a hablar tanto como antes, porque así no tendría que andar recogiendo mis papeles por todas partes. |