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Con las Arma de la Pluma y el Papel
En el II aniversario del teretere somos soldados
Eduardo Parra
 
Artículo.-

     Por la escalera, con más velocidad que su pensamiento; intencionadamente abandonado a retaguardia, corría arriba y abajo Elia, trayendo y dejando cosas aquí y allá, instrucciones incluidas, para que los consecuentes amigos de la biblioteca y de Artegua pudieran cumplir sus tareas.

     Más allá, los Muñoz Rondón o viceversa, que a la final no importa, porque se les quiere en cualquier orden, alistaban el guiso desde temprano. José Manuel se liaba con las ganas de quedarse a escuchar a la Banda Municipal, pero el deber lo llamaba y cuando se tiene un hijo no hay nada que pueda evitar que el padre lo atienda. Yerbelis, en la dulce espera del otro hijo, también metía la mano para ayudar. Un servidor huyó de la oficina en horas no adecuadas para ganarle la carrera al tráfico caraqueño y Marlon, desde Madrid, uno de los padres de la criatura, se imaginaba el agite que sería Guatire gracias a los tantos encargos que dejó en nuestras manos.

     Y es que todo este barullo se armó por encargo. Hace dos años unos soñadores de oficio creyeron posible regalarle a su patria chica un pedazo de historia viva, un sorbo de esas aguas eternas que hacen el tiempo y que en la existencia de cada ser va imprimiendo a su paso los rigores y alegrías correspondientes. Pensaron, pues, que sí era posible dejar en alguna parte su legado, recogiendo la imagen, la anécdota y el cuento para entregárselos al mismo pueblo que los parió.

     Ahí nos fuimos anotando poco a poco los que creímos en el sueño y, casi sin darnos cuenta, recibíamos, sin haber llegado al número 10, el Premio Municipal de Periodismo. Entonces el sueño dejó de serlo; bien despiertos nos dispusimos a la tarea de alimentar al bebé y ahora tenemos a un niño rozagante, de dos años de vida que, como Elia -y por eso posterga al pensamiento- extraña a uno de sus progenitores, pero que sabe descansar en los brazos de múltiples nodrizas.

     Y esto último es ciertísimo. TereTere cumplió dos años bien celebrados en la Biblioteca Pública "Don Luis y Misia Virginia" gracias a la solidaridad de Santa Durand y el personal a su cargo, que vistieron el recinto con el papel de los 23 ejemplares publicados, y pusieron un cartel que decía, en letras grandes: "Toda la biblioteca para el TereTere".

    Nelson Porfirio Díaz se lució explicando cómo la globalización está arrasando las tradiciones y el folklore en muchos lugares, y embargó de emoción a los presentes cuando se refirió al TereTere definiéndolo como "soldado de la resistencia cultural", título que aceptamos con gusto, aspirando a que pronto se forme un ejército tremendo.

     Así que la pasamos rodeados, para decirlo con originalidad, de familiares y amigos; pero resultó una multitud, una reunión extraordinaria de cultores, periodistas, historiadores, músicos, poetas y alguno que otro científico, administrador y... también hay números en este mundo.

      Entre esa impresionante colección de neuronas destacaron quienes siempre han acompañado la labor del periodiquito: Luis Martus, René García Jaspe, Juan Ramón Colina, Elio Bolívar, el poeta Borges, tan vertical como siempre; Alciro Berroterán, Marcos Milano, la gente de Artegua; María González con su miel y su casabe, Amable Orta, Henry Rojas, Oscar Muñoz, José Ramón Milano, Pedro Ron, que se hinchó de hacer fotos, y el infaltable Claudio "Veneno" Almeida entre tantos otros..

     Los moderadores y llevadores del verbo fueron José Manuel Milano y Anibal Palacios, quienes se repartieron gustosamente la palabra para encauzar aquella energía que no se podía contener en los asientos, y nos llevaron entre anécdotas hasta una ceremonia de premiación en la que se reconoció la labor de Juan Ramón Colina, a quien faltaron manos para recoger su cosecha; Aníbal Palacios; la familia Parra, que ha apoyado decisivamente al periódico; Hernan Rengifo, Luis Martus, infaltable con su crónica; la Biblioteca "Don Luis y Misia Virginia", que agradeció el gesto (agradecidos estamos nosotros por su constancia),  Rachel City y al historiador René García Jaspe, que sufrió lo indecible al ver las réplicas de los petroglifos que se entregaba a los premiados, y decía para sus adentros: "¡yo quiero una de esas!"... pero se la ganó.

     Del concurso de cuentos infantiles, que se repetirá en el tercer aniversario, así que preparen la pluma, salió airoso Carlos González Oropeza, músico de trayectoria, maestro chelista y entrañable amigo. Su cuento "Ijei" se ganó la admiración y el voto unánime del jurado.

     De ahí al refrigerio con tere tere y casabe, al cumpleaños feliz, para repartir la guarapita y el papelón. Con el estómago lleno se alegran las voces y el siempre jovial "Veneno" tubeó a cuanto músico hubiese por ahí (más de diez, por señas), porque la Banda Municipal también celebraba aniversario-, con su "Señora Juanita", éxito indispensable.

    Nos queda, tras la reposición de sillas y mesas a su santo lugar, la misión de seguirle dando de comer al bebé, cuya nostalgia paternal, bien administrada, no será otra cosa que la bujía de ignición para un brillante porvenir.

 
El Vocero de Castillejo Ex Cathedra
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